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miércoles, 13 de febrero de 2013

¿La fiebre es peligrosa?

Quizás habrá oído decir a algunas personas que la fiebre puede ser peligrosa para los niños. ¿Qué hay de cierto en ello?. La fiebre es un síntoma y por sí misma no es una enfermedad. De hecho, es un signo positivo de que su organismo está reaccionando bien frente a una posible infección. La mayoría de las infecciones que tendrá su hijo serán por virus y otras veces lo serán por bacterias. La fiebre estimula sus mecanismos defensivos aumentando, por ejemplo, los leucocitos o glóbulos blancos que atacan y destruyen a los virus y las bacterias. 

En la mayoría de ocasiones en que su hijo tenga fiebre (entre 37.8 y 40º C) habitualmente será inofensiva. Sin embargo, puede producir sensación de malestar y aumentar su frecuencia cardíaca y respiratoria. Además la fiebre hace que necesite más cantidad de líquidos para compensar las pérdidas por el calor. Hay algunas circunstancias en las que es conveniente ponerte de inmediato en contacto con el pediatra. La primera es si su edad es menor de tres meses. La segunda cuando tenga fiebre alta (superior a 40ºC) y sea menor de 2-3 años ya que puede ser síntoma de una infección importante. Si un niño además de la fiebre tiene unas manchas de color rojo intenso por el cuerpo que al apretar con un dedo no desaparecen (son pequeñas hemorragias) hay que ir inmediatamente al médico o al hospital. 

La fiebre de por sí no produce ninguna enfermedad. Es verdad que algunos niños con fiebre alta pueden tener delirios y es mejor consultar al pediatra pero no es cierto que sea la causa de meningitis. No se sabe por qué un 3 % de los niños entre los 6 meses y los 6 años de edad pueden tener las llamadas convulsiones febriles que son totalmente inofensivas. Si le parece que tiene fiebre es imprescindible tomar la temperatura de una forma adecuada. Desde el nacimiento es importante tener un termómetro electrónico de calidad y rápido..

martes, 10 de julio de 2012

Cincuenta y seis enfermedades metabólicas congénitas diagnosticadas de "una sola tacada"

Jamás hubiera imaginado que tras la secuencición del genoma humano haya tenido que aprender (o intentar aprender) nombres y técnicas de biotecnología como: genómica, transcriptómica, protreómica, metabolómica y bioinformática. Todo ello se traduce en técnicas nuevas con nombres que no es fácil recordar para el no experto como, por ejemplo: FISH, microarray de CGH (aCGH), secuenciación qRT-PCR y otras muchas.

¿Qué hace pues un pediatra como yo metido en estas lides? Pues no me queda más remedio que estar un poco al día por la importancia de estas técnicas en el diagnóstico de enfermedades que cursan con retraso mental, psicomotor, convulsiones y otros trastornos. Algunas de ellas están producidas por enfermedades metabólicas congénitas también conocidas por errores innatos del metabolismo (EIM) o metabolopatías congénitas.

Durante mi vida profesional me han causado una gran preocupación, angustia añadiría, los niños “retrasados” sin diagnóstico. Sabemos que algunos de ellos son aparentemente sanos al nacer pero por tener alteraciones hereditarias de padres portadores sanos se manifiestan más tardíamente y el diagnóstico es dificilísimo. Dentro de poco dispondré en la consulta de una técnica nueva que con unas muestras de sangre del talón (como las del diagnóstico precoz al nacer) se puede saber si el bebé tiene una de las 56 enfermedades metabólicas congénitas (sí, sí, 56 enfermedades). Si se diagnostican a tiempo se puede hacer un tratamiento dietético específico (como en la fenilcetonuria). Con el tiempo se conocerán y diagnosticarán más. Es un pequeño avance en diagnóstico del retraso mental.

Otro día explicaré el cambio de estrategia que se ha impuesto para detectar alteraciones genéticas asociadas con retraso mental, retraso en el desarrollo y, en trastornos del espectro autista.

domingo, 29 de abril de 2012

Pilka, Sobrepin, Diminex prohibidos en niños menores de 30 meses

El Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) de la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), constituido por representantes de todas las agencias nacionales europeas, ha revisado el balance riego/beneficio de los medicamentos que contienen derivados terpénicos (alcanfor, cineol, citral, eucalipto, mentol, niaouli, pino, terpineol, terpina, tomillo y trementina) administrados en forma de supositorios en niños y lactantes. Han concluido que la eficacia de estos medicamentos no está claramente demostrada al no disponerse de ensayos clínicos controlados con estos medicamentos en forma de supositorios en pacientes pediátricos”. Las conclusiones de esta revisión han sido que “existe un riesgo de alteraciones neurológicas, en particular convulsiones, en niños de corta edad y en aquellos con antecedentes de epilepsia o de convulsiones febriles, por lo que el CHMP ha recomendado contraindicar su uso en niños menores de 30 meses o en aquellos con los antecedentes mencionados”. En España se encuentran autorizados varios medicamentos en supositorios con alguno de los principios activos mencionados, indicados en niños menores de 30 meses, aunque únicamente se encuentran comercializados Brota rectal supositorios niños y Pilka supositorios lactantes y niños. La AEMPS (Agencia española de Medicamentos y Productos sanitarios actualizará la ficha técnica y el prospecto de estos medicamentos y ya, desde este momento, está contraindicado dar a niños menores de 30 meses de edad y niños con antecedentes de epilepsia o convulsiones febriles. Los "agraciados" con esta medida son:
  • SOBREPIN infantil 100 mg, supositorios
  • PILKA LACTANTES, supositorios
  • PILKA NIÑOS, supositorios
  • DIMINEX antitusígeno infantil
Como siempre, hay que leer la nueva ficha técnica que para algunos padres les parecerá espantosa " puede provocar trastornos psicológicos", "es un producto inflamable. No acercar al fuego", "no dar a la mujer en el embarazo y durante la lactancia", "pueden disminuir el umbral epileptógeno". No dicen nada del PILKA gotas que lleva alcohol (etanol).

En resumen, que para los resfriados infantiles lo mejor sigue siendo el "Ajo-derse, Agua-ntarse y Resina-ción". Otros prefieren productos compuestos como el siguiente: Anisum D1 1,5 g, Bryonia D3 5 g, Drosera D3 5 g, Eucalyptus D3 5 g, Ipecacuanha D4 5 g, Antimonium sulfuratum aurantiacum D6 5 g. Los demás componentes son sacarosa, agua purificada, sal sódica de parahidroxibenzoato de etilo (E-215), sal sódica de parahidroxibenzoato de metilo (E-219), ácido clorhídrico diluido (para ajuste del pH).No me constan tampoco ensayos clínicos controlados sobre su eficacia pero, por lo menos su efecto es similar al ajo-agua-resina.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Una buena noticia para los papás de niños con convulsiones

Si un niño tiene una pérdida de conciencia, se queda rígido, con los ojos en blanco, los labios morados, parece que no respira, el corazón le late muy deprisa y tiene sacudidas de los brazos y las piernas, lo más probable es que se trate de una convulsión. Si ésta se produce en un niño previamente sano que tiene entre 6 meses y 5 años y coincide con fiebre de más de 38 ºC, hablamos de convulsión febril. En algunas ocasiones, no hay sacudidas de los brazos y las piernas, sino que el niño permanece rígido o, por el contrario, se queda como sin fuerza, como un muñeco de trapo.

Casi todas las convulsiones febriles ceden por sí solas en unos minutos, de modo que pocos niños necesitan recibir alguna medicación. Los padres de los niños con convulsiones están más tranquilos cuando tienen en el domicilio algún medicamento para  administrarlo cuando no se detiene por sí sola, El utilizado hasta ahora por los padres o los cuidadores fuera del hospital era el diazepam en microenema rectal y, desde hace poco tiempo, se dispone del midazolam administrado por vía intranasal, -o sea por la nariz-  con un atomizador que se coloca en la punta de una jeringa. Este sistema es más sencillo, accesible y cómodo para todos los niños especialmente los de "gran volumen" aunque, según tengo entendido, todavía no está a la venta en farmacias.

viernes, 9 de abril de 2010

La reanimación del niño

En mucha ocasiones me han pedido una clase de reanimación cardiopulmonar (RCP) básica para padres y no he querido hacerla porque es necesario disponer de mucho tiempo y material didáctico adecuado - maniquís electrónicos simuladores de un bebé o un niño- para saber si se está haciendo de forma adecuada.

Hay dos situaciones en las que los padres pasan una angustia terrible al terner la terrible impresión de que su hijo se muere. La primera, la convulsión febril -generalmente inocua pero espectacular y especialmente estresante- y, la segunda, el espasmo del sollozo o del llanto. Muchas personas comentan "le tuvieron que hacer el boca-boca porque si no se moría". En general, no hacía falta hacerlo; el azoramiento del momento hace actuar a las personas de una forma automática algo que no han leído bien ni lo han practicado. Les pongo dos vídeos de RCP básica bastante ilustrativos. Están en inglés pero se entienden -espero que algún día en Catalunya los niños acaben sus estudios sabiendo catalán, español e inglés por igual, de lo contrario nos iremos al furgón de cola.



viernes, 25 de septiembre de 2009

Convulsiones febriles; los antitérmicos no las previenen

Las convulsiones febriles son un trastorno neurológico frecuentes en en la primera infancia o la niñez que se asocia con la fiebre, pero sin infección del cerebral epilepsia u otras causas conocidas. Estos movimientos repetidos del cuerpo con pérdida de conciencia duran unos segundos que se hacen eternos para los que observan al niño convulsionando. El desencadenante más frecuente de la convulsión febril es una infección vírica que no provoca otras consecuencias. Entre un 3 % y 5 % de de niños entre los 6 meses y los 6 años tendrá alguna convulsión febril en su vida y la probabilidad de que se repita en un episodio febril es del 20 % al 30 %.

¿Cómo prevenir otra convulsión febril en un niño? Hasta ahora se había propuesto dar antitérmicos en cuanto tuviera fiebre pero un reciente trabajo muy bien realizado ha demostrado que dar antitérmicos de forma continuada para bajar la fiebre y, por ende, prevenir una convulsión no tiene ninguna utilidad. Esta es una mala noticia para los padres de niños con convulsiones febriles ya que esta actitud de dar antitérmicos de una forma continuada y enérgica es una práctica habitual hasta ahora pero los hechos demuestran que no hay que abusar de estos fármacos para prevenir las convulsiones febriles ni sus repeticiones.

Las convulsiones febriles típicas son benignas y de desaparición espontánea; lo que ocurre es que ver convulsionar a un niño es una sensación horrible para los padres o cuidadores porque la sensación es de que se está muriendo sin saber qué hacer. El impacto emocional en los padres puede ser tan grande que a algunos les cuesta superarlo y tienen una tendencia exagerada a proteger al niño. Si ustedes son padres de un niño con convulsiones febriles típicas y no están tranquilos pueden pedir una segunda opinión a un buen neurólogo infantil.

Lo más importante en una convulsión febril es no perder la calma, poner al niño en un lugar seguro y saber de que no tiene nada que pueda obstruir la vía aérea. Vean un simulacro de una.

lunes, 28 de mayo de 2007

No nos atrevemos a ir de vacaciones con el niño

Llega el verano. Y los papás que no tienen un sitio fijo donde suelen pasar sus vacaciones habitualmente, tienen que decidir cuál va a ser su destino de viaje. Algunos -pocos- no se atreven a "veranear" en un lugar "desconocido" por temor a que al niño pueda ocurrirle alguna desgracia. Se sienten seguros en su entorno habitual y por eso deciden no desplazarse.
¿Qué les pasa a estos padres? Sin duda, es más que probable que hayan vivido un accidente o una situación grave en la que se ha visto involucrado el niño, provocando en los padres la sensación de que su hijo iba a morir. A partir de ese momento y aunque el niño se haya recuperado por completo, los padres "activan" un mecanismo sobreprotector, porque creen que su hijo tiene mayor riesgo de enfermedad o de muerte. Ejemplo de ello son las convulsiones febriles: Este tipo de convulsiones es del todo inocua, pero el hecho de ver a un niño pequeño por primera vez inconsciente, blanco, con el cuerpo temblando, la mirada perdida... es más que angustiante. Las personas que tienen delante a un crío en este estado lamentable pueden reaccionar así: o bien quedarse paralizadas como consecuencia del miedo; o bien intentar hacer maniobras de reanimación, o bien salir corriendo con el niño en brazos. No pueden evitar que se apodere de ellos el siguiente pensamiento terrible: "se me está muriendo". Otro ejemplo puede ser un niño con un soplo cardiaco al que se le prohiben hacer actividades deportivas por si "le pasa algo".

Los padres inseguros se hacen sobreprotectores y permisivos, y acaban preocupándose excesivamente por la salud del niño. Acuden con frecuencia a la consulta del pediatra o a los servios de urgencia ya que, por desconocimiento o excesiva ansiedad, perciben como más graves los síntomas que sólo son el reflejo de una enfermedad común. A esta actitud peculiar se la denomina Síndrome del Niño Vulnerable y no beneficia en nada al pobre niño que además de crecer más mimado y de creer que no disfruta de la misma salud que sus compañeros, se hace cada vez más hipocondriaco.
En mi consulta hablo abiertamente de este asunto. Incluso si noto que los padres, a pesar de mis consejos, siguen manifestando esta ansiedad les recomiendo con mucha sensibilidad ayuda psicológica.