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domingo, 30 de mayo de 2010

Jóvenes y alcohol. Y, usted, ¿bebe?

Este tema está tan manido que ya parece cansar. Siempre con el mismo rollo, la misma murga y total necesitamos cada ve más "botellómetros". El tema seguirá sin resolverse si no hay una buena educación y tal como están los tiempos, pintan bastos. Nuestro país, como en la mayoría, el vino es una cultura y como tal hay que aprenderla.

Otra vez les remito al admirado José Antonio Marina con su artículo Enseñar (29/05/2010). Cito algunos párrafos: Cuentan que un profesor de pedagogía dijo a sus alumnos el primer día de curso: "He dedicado todo el verano a enseñar a hablar a mi perro. Está ahí fuera. Si quieren lo traigo para que les haga una demostración". Los alumnos asintieron encantados. El profesor introdujo al animal, que se tumbó confortablemente delante de la mesa. Pasaron cinco minutos sin que dijera una palabra. Pasaron diez y el mutismo continuaba. Al fin, uno de los alumnos dijo en voz alta lo que todos pensaban en silencio: "Señor profesor, su perro no habla". "Tengan en cuenta que yo les he dicho que había enseñado a hablar a mi perro, no que mi perro hubiera aprendido. No olviden esta diferencia en su trabajo como maestros"."En castellano, enseñar es una palabra casi equívoca, porque tiene dos significados diferentes. El primero: mostrar. El segundo: hacer aprender. En este sentido, sólo cuando algo se ha aprendido puede decirse que ha sido enseñado."

En lo que respecta al tema de hoy en la introducción de la web del Ministerio de Sanidad y Consumo informa: "Esta página te ofrece información clave sobre los efectos del consumo de alcohol en jóvenes. Podréis autoexplorar vuestro consumo e identificar situaciones y conductas que puedan ser perjudiciales. Encontraréis estudios, documentos clave, legislación y políticas de alcohol que facilitarán vuestro trabajo." Usted, tenga hijos o no, puede darse un garbeo por ella y

Hoy que es fiesta pruébese a sí mismo y anime a su hijo/a a hacer esta encuesta anónima. Ya saben mi postura en este tema: "Saborea el vino, no bebas alcohol"

miércoles, 7 de abril de 2010

Castigo, disciplina y vulgaridad

Hoy va de sermón.

Según la autora Joyce Dvinyi, los niños y los adolescentes se disfrutan cuando están contentos y se portan bien. Y, en general, están contentos y se portan bien cuando se les quiere, se les cuida y están bien educados. Sin embargo, conseguir eso no es tarea fácil como tampoco lo es enseñarles a responder con respeto a los adultos, a controlar su conducta y a tomar las decisiones adecuadas. Confundir el castigo con la disciplina es un error habitual. Con el castigo, se pretende que los niños se arrepientan de haberse portado mal. La disciplina significa enseñar a desarrollar el autocontrol y el buen criterio

Gran parte la conducta humana tiene que ver con las emociones, no con el pensamiento; eso supone un problema cuando castigamos a los niños por los errores que cometen. Según la misma autora, para que el castigo logre sus objetivo la persona ha de ser consciente de las emociones, ha de ser capaz de pensar en o que está a punto de hacer y en lo que puede suceder y saber cómo frenarse y no actuar únicamente en base a sus emociones. Si no pueden hacer el proceso de pasar de la emoción al pensamiento y luego a la acción de forma adecuada es probable que el castigo no sirva de mucho.

Cuando se deja a los niños a su libre albedrío, o cuando no se les enseñan buenos modales, sus cerebros no modelan la capacidad de distinguir lo adecuado de lo incorrecto. La disciplina efectiva contribuye a que se desarrollen y el castigo, por sí solo, no tiene necesariamente el mismo efecto.

El término vulgar, se aplica a la persona, al lenguaje o a la costumbre que es poco refinada, de poca educación o de mal gusto. Mi admirado José Antonio Marina escribió hace poco: las persona vulgares no admiran a nada ni a nadie y no creen que haya algo mejor o más noble que ellos mismos y piensan que todos somos iguales. Y la verdad es que, actualmente, no hay admiración por los mejores; la sociedad admira a personas que no lo merecen.

No seamos vulgares. Amén

sábado, 28 de noviembre de 2009

Aprender a beber

Soy gran admirador de la obra de José Antonio Marina. En el próximo Congreso de Medicina del Adolescente de 2010 quise introducir un debate sobre el vino y el alcohol en los jóvenes porque estoy convencido de un lema que redacté: "Saborea el vino, no bebas alcohol" ello generó un debate interno en el comité organizador y mi idea fue rechazada. Creo que es más importante la educación que la prohibición en según que aspectos del comportamiento humano. La verdad es que, perdonen mi expresión, cogí un cabreo de órdago a la grande. Los que "teóricamente" somos expertos en adolescentes no podemos habar de este tema por ser "políticamente incorrecto".

Hace poco un escrito de este filósofo estaba en la misma línea de pensamiento que en la mía. Extraigo algunas frases de su escrito: "Todo el mundo está de acuerdo en que el abuso de alcohol es peligroso. No sólo por problemas de salud, sino, sobre todo, porque causa más del 30% de los accidentes de tráfico, y un porcentaje aún superior de casos de violencia doméstica. Cuantitativamente es la droga que produce más daños en nuestro país. ¿Cuál puede ser la solución? No es tanto dejar beber como aprender a hacerlo. Es algo parecido a lo que sucede con los automóviles. La carretera es un peligro, pero no se trata de no ir en coche, sino de conducir bien. Por eso me parece importante reivindicar una cierta pedagogía de la bebida, que debería enseñarse en las familias, de la misma manera que los buenos modales en la mesa o las normas elementales de higiene. Hay que aprender a disfrutar de la bebida, porque es agradable, pero también a fijar con claridad los límites de lo socialmente aceptable. Cuando una persona pierde el control de sus actos se convierte en un irresponsable, y eso es un peligro que la sociedad no puede permitir. Toda nuestra convivencia, todo nuestro sistema ético y legal se funda en la responsabilidad personal. Si esta desaparece, la convivencia no funciona. Sería una demostración de esa inteligencia social, a la que tanto apelo, que fuéramos intolerantes con estos casos. Los límites inteligentes son imprescindibles para la convivencia."

Foto Manuel Arribas.
Versión en catalán: www.criatures.cat

jueves, 26 de noviembre de 2009

No soy adicto Internet pero casi...

Siempre afirmaré que Internet es una maravilla (mientras los hackers no te roben "los dineros" de la cuenta corriente del banco). Como en todo en la vida tiene detractores y defensores. Siempre he pensado, y no hay que ser muy listo para ello, que los avances de la ciencia y las tecnologías no son buenas ni malas; dependerá del uso que se haga de ellas. Yo me paso muchas horas delante de la "computadora" pero he realizado el test de adicción y no lo soy. Disponer de Internet ha dado un cambio radical a mi vida como profesional médico y me ha abierto puertas para desarrollar aptitudes que desconocía en mí.

Como dice en la canción de Isabel Pantoja, "soy un marinero de luces, con alma de fuego y espalda morena" de tanto navegar por Internet. Y navegando, navegando me he vuelto a encontrar con una web sorprendente: una red mundial/social para maestros y educadores con una cantidad de material educativo impresionante. Confieso que me las veo y deseo para digerir tanta cantidad de información y luego exponerla. No me empacho, sólo me admiro ante la capacidad de algunas personas como el filósofo Jose Antonio Marina que, aparte de tener una cultura vastísima, son capaces de escribir, dar clases, dar conferencias, etc. En el ramo de la medicina destaca de forma rutilante Gregorio Marañón, icono del buen hacer, y un hombre completo. He leído varias veces la biografía de este médico que odiaba las oposiciones y los fines de semana los compartía con literatos y políticos en su cigarral de Toledo.

Yo no tengo cigarral ni voy a Toledo los fines de semana así que me quedo navegando como el marinero de luces.

¡Novedad! La versión catalana de este texto la encontrarán en www.criatures.cat

jueves, 14 de mayo de 2009

Apúntese a la Universidad de Padres

Iba en coche y, haciendo "zaping" buscando una emisora - cosa que no debe hacerse, caí un en un programa con unas entrevistas muy interesantes. Se trataba de un magazine de fin de semana presentado por Marta Cailà en Rac1, Via Lliure, en el que tuve la oportunidad de oír la realizada a una persona a la que admiro por su labor pedagógica, José Antonio Marina. Éste filósofo, escritor y profesor ha ideado y desarrollado el proyecto La Universidad de Padres que es una especie de brújula para padres con dificultades en la educación de sus hijos de cualquier edad. Se pueden matricular padres con hijos de edades comprendidas entre 0 y 18 años.

No está vinculada a ningún organismo público. Es una iniciativa privada de Don J.A. Marina -oírle hablar es una delicia- y cuenta con su aval. Esto quiere decir que es gratis, oséase, coste cero para los padres. Lo único que se les pide es una actitud activa, es decir, que le pongan interés y ganas.La nueva matrícula para padres con hijos entre 0 y 9 años se abre el próximo 15 de mayo. Son cursos de 10 meses que se pueden ir ampliando cada nuevo período. Más información en el siguiente enlace.