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miércoles, 7 de enero de 2009

La solución para muchas mujeres

Reconozco que la mujer a la hora de orinar lo tiene complicado. Si es verano es más sencillo porque no tiene que quitarse una multitud de prendas antes de que el chorrito de pipí caiga en la taza del váter. No he entrado nuca en un WC femenino que se use frecuentemente e ignoro si también "mean fuera de tiesto", es decir si dejan el reborde de la taza del váter sin restos de orina y el suelo impoluto sin una gota.

Como es lógico voy a los de hombres y, la verdad, en pocos pondría mis posaderas para hacer un buen vaciado intestinal. El hombre siempre salpica y si hay una taza de váter todo queda asquerosamente mojado; "semos" unos marranos. Pocos son los elegidos que sus neuronas les llevan a levantar la tapa del váter antes de hacer la micción. Si los hombres, y no me considero un "tiquis miquis", lo tenemos mal me imagino que a las mujeres les debe ir peor porque algunas son la mar de guarrindongas.

Dichos los graves problemas que tenemos hombres y mujeres para orinar/defecar a gusto en lugares públicos -haciendo piruetas- para que nuestra zona perianal no toque el reborde del váter acabo de descubrir un artilugio para mujeres que les podría solucionar su problema. También podría servir para hombres pero la dificultad está en que para poderlo usar has de ser joven, elástic@, gimnasta y contorsionista. Como no tengo ninguna de las tres cualidades, en una pequeña reforma que he hecho en mi casa me he puesto un váter atómico equipado con aspirador de olores, irrigador de partes nobles y secador. En resumen, no necesito papel. ¡Uaaahhhh!. Mis amigos me envidian.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Yo no me lavo bien. Perversión del eufemismo

Doctor, qué titulo tan raro. Pues sí: ahí va. Sospecho que, desde mi más tierna infancia, cuando me ducho por la mañana me dejo partes importantes de mi cuerpo para lavar ya que sólo las mujeres tienen “higiene íntima”. Me di cuenta hace poco leyendo un anuncio. Voy a ponerme en contacto con la Ministra de Igualdad a ver que me sugiere.

Según Wikipedia "un eufemismo es una palabra o expresión políticamente aceptable o menos ofensiva que sustituye a otra considerada vulgar, de mal gusto o tabú , que puede ofender o sugerir algo no placentero al oyente. También puede ser la sustitución de nombres secretos o sagrados para evitar revelar éstos a los no iniciados. Algunos eufemismos tienen la intención de ser cómicos. Se produce cuando se pretenden usar inofensivas palabras o expresiones para desorientar, evadirnos, o evitar enseñarnos la verdadera, cruda y desagradable realidad. A menudo el propio eufemismo pasa a ser considerado vulgar con el tiempo para ser sustituido de nuevo". Así pues, desde hace muchos años que hemos abandonado las palabras “anciano”, “viejo” a cambio de “tercera edad”, “persona con experiencia”; a la "preñada" se prefiere calificarla como “estado de buena esperanza o encinta”.

Esta introducción me sirve para el post de hoy, sugerido por Sir Louis Eat (en ocasiones, Virgules), compañero de fatigas del Hospital y dentro de poco -eso sí que es meritorio- Licenciado en Derecho. A los antes llamados impedidos, paralíticos o inválidos sucesivamente se ha ido eufemizando como minusvalidos, discapacitados y el summum de aberración ahora son “personas con habilidades diferentes”.

Evidentemente, a primera vista, el uso del eufemismo parece tener una pátina de consideración hacia la persona afectada, pero en una visión más perversa de la cuestión, el principal beneficio del eufemismo se lo lleva el emisor y no, en cambio el receptor. Apliquemos la teoría al caso práctico: en un aparcamiento reservado a estas personas la gente lo respetará más si sabe que va destinado a un impedido o a un inválido que si es para una persona con “habilidades diferentes”, y que antes cederá el asiento en el autobús a un anciano que a alguien “con experiencia”. Ítem más, la gente tiene el descaro de aprovecharse del inválido -ser aparentemente inferior- para aparcar pero no se atreve a hacerlo en aparcamientos institucionales (embajadas,etc.), entidad superior.

Me dirán que quizá soy muy mal pensado, pero a veces lo que damos por hecho tiene otra lectura más perversa.