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jueves, 17 de marzo de 2011

El desastre de las bolitas

Érase una vez una familia muy simpática. A la consulta han venido y vienen juntos la mamá con las niñas y la abuela. Supereducadas y divertidas. Hace poco nos vimos de nuevo y como siempre fue una visita entretenida y agradable. Al estar sentado en la camilla explorando a una de ellas oigo una exclamación unámime. ¡Horror!, encima de uno de los sillones para sentarse los padres había millones de bolitas de caramelos de colorines. La abuela estaba con cara de espanto con una bolsa de plástico en la mano llena de medio millón de caramelos. O sea, resumiendo la escena, una de las niñas estaba sentada, detras suyo los millones de caramelos esparcidos por el sillón y algunos por el suelo, la abuela atónita con la bolsa medio vacía de caramelos apurada diciendo: "vamos niña, vamos a recogerlos rápido". Ni con una excavadora los hubieramos podido retirar y con un aspirador Dyson se hubiera embozado. Así que, por falta de medios, se afanaron en recoger los caramelos a puñados metiéndolos en la bolsa. Cuando ya estaban recogidos, con cara de pícaro, le solté con sorna. "Vaya con la abuela, comprando toneladas de chuches a las nietas..", "No, no, doctor, me cortó muy seria, son mias, me gustan mucho estas chuches". 

Pues nada, la abuela a la que le gustaban las chuches me dejó la consulta minada de ellas. Algún niño todavía pesca alguna cada día.

sábado, 23 de octubre de 2010

"Hay que estudiarlo"; anécdota personal y hospitalaria

Como es sabido y a pesar de los cambios ministeriales, en la mayoría de los hogares, incluido el mío, suele mandar la mujer. Mi suegro, sabio y mejor persona, me enseñó que él, en su casa, daba su opinión sólo para las cosas importantes pero, curiosamente, nunca pasaba nada. En la mía ocurrelo mismo. Escribo triste y sólo porque mi mujer se ha ido a pasar el fin de semana con unas amigas; estoy desesperado... (¿se lo creen o no se lo creen?). En casa cuando yo propongo o me atrevo  a insinúar algún cambio o novedad en la misma, ella invariablemente me responde de una forma demoledora: "hay que estudiarlo" y de tanto estudiar "se pasa el arroz" y mi iniciativa o insinuación se va al carajo.

En otro orden de cosas el otro día me ocurrió una anécdota muy divertida el hospital. Aunque no lo parezca van mejorando las cosas y una de ellas fue cambiar la compañía telefónica y quitar un horroroso "Bolero de Ravel" autentico que sonaba sin parar mientras esperabas que te pasaran la llamada; en vez de tranquilizarte te provocaba una crisis cardíaca. Ya odiaba, por monótona, esa pieza musical pero ahora ya me da un pasmo si la oigo. A lo que iba; con el cambio de operadora ya puedes llamar a cualquier habitación con un prefijo seguido del número de la misma. Bien, estupendo pero hace tres días me ocurrió algo insospechado.

Llamo a una habitación de forma ortodoxa, la 711, para hablar con el padre de un paciente mío ingresado por una crisis de asma. Pregunto (P): "Hola, soy Santi, ¿está el padre de Izan?, respuesta (R): "¡Noooo, aquí ho jai naide que ze yame azí!, P: "Perdone, ¿no es la habitación 711?, R: "!Nooo, ezta é la 715!".  Como padezco una discalculia y me equivoco con los números, con el papel junto al teclado vuelvo a llamar cuidadosamente al 711, R:" Digaaaa", P: "¿El papá de Izan?, R: ¿Que no, joeeeeer?", P: "¿No es la habitación 711?", R: "¡Que no zeñó, joerrr, ya le disho que  é la 715!". Asustado por marcar tan mal los números, llamo a la centralita  para que me digan qué estoy haciendo mal. La telefonista -todas las telefonistas del hospital son maravillosas y amables- me aclara: "desde hace un tiempo los teléfonos de la 7a. planta no coinciden con la habitación, espere un momento... ha de llamar al número xxxx (no coincidía en nada) para que le salga la habitación 711". Llamé al xxxx y pude hablar con el padre de Izan.

Un poco cabreado por la pérdida de tiempo, escribo una nota de aviso de esta anomalía al Servicio de Ingeniería y Mantenimiento, cuyo jefe es grande en todo y para bien. Al poco rato, recibo una amable respuesta que más o menos decía así: "Es un tema en el que estamos trabajando (¿será que lo están estudiando como en el caso de mi esposa?) y está previsto que sea resuelto en breve".

He llegado a una triste duda: ¿es más fácil sacar a unos mineros sepultados a 750 metros de profundidad que arreglar unas conexiones telefónicas de mi hospital?

sábado, 23 de mayo de 2009

Chismorreo a tope

Para el próximo miércoles que muchos maridos desaparecerán del mapa para ver la final de fútbol de la Champions entre el ManU y el Barça con sus amigotes, les ofrezco aquí a sus esposas un ramillete de personalidades y famosos que se han sometido a cirugía plástica. Pulse aquí, y observarán que, aunque la lista es inmensa, yo no estoy en ella porque si tuvieran que retocarme necesitaría unos 20 cirujanos a la vez y no cabrían en el quirófano. Sería como un ejército de profesionales realizando un trasplante. Además, me gusta como estoy aunque dejo mucho que desear. Para botón de muestra les repito una anécdota real que me ocurrió en el hospital.

En radiología tenemos unos expertos que son extraordinariamente brillantes. Uno de ellos, Sir Badosa, es quasi el perfecto inglés, flemático y con un humor fino característico. Un día me hice una radiografía de tórax, ya no recuerdo el motivo, y Sir Badosa me acompañó a la sala donde estaban los radiólogos y, sin mediar palabra, puso solemnemente mi radiografía en el negatoscopio delante de todos y soltó con sorna una frase lapidaria: "Mirad lo que queda de Santi". Y era verdad, mi cuerpo serrano se está convirtiendo en un amasijo de células y mucha gente me dice que haga régimen pero yo me engaño a mí mismo diciendo dos cosas; una, que estoy en "mi peso cómodo, no en el ideal" y, segunda, que después de invertir tanto dinero en mi barriguita cervecera no voy a dilapidarlo ahora.

viernes, 13 de julio de 2007

¡ Sólo para adultos!...con sentido del humor

Hoy me permito una pequeña licencia. No se ofendan. Me ocurre cada mañana y por eso me apetece explicarlo. Dirán que soy un poco "obsexo", pero no es verdad. Solicito su opinión, especialmente a los papás, para que interpreten la mirada de esta fotografía que cada día "me subyuga".

Después de la reunión de novedades en la guardia del día anterior, por parte del médico responsable, en la que nos explica las incidencias, voy a buscar un capuchino de máquina en un rincón del bar que yo lo denomino "Cámera Café". Tras introducir el dinero en la máquina (25 céntimos de euro) baja un vaso de plástico en el que está impresa la fotografía "de marras". Después de recogerlo miro la foto y pienso "¿Qué está expresando la cara de esta mujer?": ¿le gusto?, ¿mira alguna parte noble de mi serrano cuerpo?, ¿cuando le hicieron la foto estaba en éxtasis erótico?, ¿se me está insinuando con lo feo que soy?

En fin, ahí está la anécdota de la foto. Cuando me vaya del hospital no habré conseguido la respuesta.

P.D. Se habrán sorprendido del precio del capuchino. Si reflexionan un poco es un precio de acorde con nuestro sueldo hospitalario...