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jueves, 20 de diciembre de 2007

Vengo a que le hagan la prueba del ADN

Capítulo I
Sorprendente. Una visita aparecida en la consulta del médico residente la mamá le pide que a su hijo "se le haga la prueba del ADN. He visto que es facilísima de hacer y es muy rápida". El residente me llamó preguntándome "¿que hago?" "No te preocupes, vamos allá". Pensé que esta señora confundía el ADN con tomar la tensión arterial o comprarse un chupa-chup. Con la mosca detrás de la oreja pregunto: "Esa es una prueba muy cara, se hace sólo en casos especiales y tarda un tiempo, señora". "¿Ah, sí?, me interrumpe, pues en la serie CSI la hacen muy rápida". "Tiene razón , en las películas todo va perfecto, pero no es así ¿que le pasa al niño?" "No, a él nada". Atónito le espeto "¿porque quiere hacerle la prueba?" "Eso se lo tengo que decir en privado, ¡nene sal fuera un momento!". El residente y yo nos miramos intrigados: "Diga", su mirada es suplicante "Doctor, no sé quién es su padre".


Capítulo II (continuará)
Emoción, intriga y dolor de barriga. ¿Está bien orientada esta madre pidiendo el ADN de su hijo? ¿Se trata de una madre "polifacética"? ¿Que descubriría con el ADN? ¿Tendremos que llamar a los chuchos del Dr. House para que nos ayuden o quizás resucitar a Sherlock Holmes?

martes, 17 de abril de 2007

Anécdota: Un precursor del Dr. House

Sucedió hace ya algunos años. Yo había acabado la carrera y trabajaba donde podía. En aquel tiempo era habitual hacer "suplencias" o sustituciones cuando un médico se ponía enfermo o hacía vacaciones. Un día que yo era el suplente del suplente, no podía ir por un problema familiar. Tuve que buscar a otro suplente ("ya era el resuplente"). Pedí a un excelente médico con la carrera recién acabada que me echara una mano. La pega fue que yo ignoraba sus escasos recursos diplomáticos y de trato con padres.

A la consulta fue una mamá con un niño rollizo, sano, alegre de unos 2 años de edad. El motivo era que "no quería comer" y venía para que le recetara "algo para abrir el apetito". Mi amigo, con buen criterio médico y buenas palabras, le explicó el desarrollo del niño a esta edad, sus cambios de actitud y que no había que forzarlo a comer. La mamá insistía: ¡quiero que le dé algo para que coma!. Mi amigo se fué calentando pero, dominando su ira, le recordó que no hay que dar medicamentos a los niños si no los necesitan y se regulan muy bien para comer lo que necesitan. La mamá enfadada dijo: "Si no come se me morirá". Mi amigo, con la pachorra del Dr. House, le espetó tranquilamente: "Pues que se muera".

No explico lo que siguió después. Bronca, denuncia al inspector del seguro pero éste, también pediatra y viejo zorro, se comprometió a vigilar el peso del niño personalmente sin tomar nada. El niño siguió "malcomiendo" pero subía de peso perfectamente. Fué creciendo "fuese y no hubo nada"

Moraleja: No juzguen lo que debe comer un niño. Vigilen ustedes su peso porque a casi todos nos sobran unos kilillos de más.