viernes, 26 de octubre de 2007

¿Lo digo o no lo digo?

Hay diagnósticos frecuentes en los que dudo si vale la pena decírselo a los padres o no. Son de escasa trascendencia o ninguna gravedad pero solamente nombrarlos "acongojan" a los papás. Por ejemplo , cuando les digo que su hijo/a tiene un "soplo en el corazón". Inmediatamente te das cuenta de que ponen cara de ansiedad y preocupación. Les explico con detalle lo que es y, aparentemente, muchos se quedan tranquilos al saber que se trata de un soplo "inocente". Les aseguro: "No es importante, no se preocupen. Casi el 50% de los niños tienen un soplo cardiaco de este tipo durante el crecimiento". Pero me doy cuenta de que les he generado una preocupación aunque confíen en mí. Entonces dudo: ¿Hago bien en decirles la verdad o es mejor callar para no hacerles pasar un mal rato?

Seguro que cuando llegan al ascensor de mi consulta les asalta la preocupación y a algunos, los más pusilánimes, si tienen una "familia lanzatorpedos" les acaba de por hundir en la ansiedad con comentarios demoledores: "¿un soplo?, eso es que tiene mal el corazón,¿seguro que no hace falta ir al cardiólogo? , yo de ti no lo dejaría así; vete a saber lo que le puede pasar".

El corazón, con su ritmo peculiar genera dos sonidos. El primero producido por el cierre de las válvulas mitral y tricúspide, y el segundo por el cierre de las válvulas aórtica y pulmonar. Cada uno de estos pares de válvulas actúan y se cierran casi simultáneamente y por ello sólo producen los dos sonidos característicos: "lub - dub".

El término "soplo cardíaco" es otro sonido prolongado de diferente tonalidad-agudo, grave o diferente- sincronizado con el ritmo cardíaco que se puede oír a través del estetoscopio, colocado en el tórax del paciente. Un soplo inocente (también llamado funcional o benigno), indica que el sonido producido en el corazón no se asocia con ninguna malformación o enfermedad cardiaca. Un soplo orgánico (o soplo patológico) está relacionado con un defecto congénito o una enfermedad adquirida por el corazón.

El soplo benigno, funcional o inocente suele desaparecer en la edad adulta, no tiene ningún peligro, no causa molestias, permite cualquier actividad y no requiere vigilancia especial. Por eso sabemos que el soplo inocente es una variante de lo normal. El poder distinguir entre un soplo inocente y uno orgánico es fácil y, además, forma parte de la enseñanza que hemos recibido los pediatras y en la práctica de nuestra profesión. El pediatra, cuya labor diaria es examinar niños, tiene una gran experiencia en este tipo de soplos e incluso más que otros especialistas médicos (excepto los cardiólogos, claro)

Sin embargo, en la visita rutinaria, a veces estos soplos son difíciles de evaluar aún por médicos expertos, siendo necesaria una segunda visita para comprobarlo o una eventual consulta al cardiólogo infantil. Esto es debido, la mayoría de las veces, porque el niño llora y no colabora en la exploración, dificultando la auscultación cardiaca.

La razón principal de que a muchos niños sanos y no a los adultos, se les detecte un soplo es debida a que la pared torácica del niño es muy delgada, transmitiendo los sonidos mucho más fácilmente hacia la superficie. Una prueba muy sencilla para verificar esto es auscultar el corazón, con un estetoscopio o con la oreja, de un adulto y de un niño. Se comprueba fácilmente como se oye mucho mejor el corazón del niño. El soplo más frecuente aparece entre los tres y ocho años de edad, debido a una vibración de la válvula aórtica.

Cuando diagnostico un soplo como inocente no impongo medidas restrictivas para la actividad del niño y decido explicarles siempre la verdad, aunque les haga pasar un mal trago.

1 comentario:

Laura L. dijo...

Estimado doctor, considero que es su obligación informar al paciente sobre todo lo que concierne a la salud de un hijo. Sea cual sea el diagnóstico que haga, querré saberlo siempre. De todas formas, cualquier cosa que encuentre hará que me preocupe; no puedo evitar que en mi cabecita se encienda una luz de alarma. Y por mucho que trate de tranquilizarme -cosa que agradezco de corazón-, me alteraré igualmente ("trastorno" que he heredado de mi madre). Por eso no hay que hacernos mucho caso.
¡Muchos saludos!