Mi amigo filósofo, Sir Joseph, tiene esta teoría. Los pediatras estamos logrando que los padres estén más inseguros de lo que hacen y nosotros contribuimos a ello. La "infoxicación" que reciben de todas partes junto con el escaso número de hijos hace que a éstos "no le pueda pasar nada". Ya les comenté que algunos me preguntan después de haber visitado a su hijo que lleva sólo dos horas con fiebre "no será nada, grave ¿verdad doctor?". Hay mucho padre pusilánime y nosotros contribuimos a que lo sean más al atontarlos con tanta información descontrolada. Es más no saben cocinar, la temperatura normal del niño, qué síntomas son de alerta o de alarma o qué hacer ante un simple resfriado, cuyo tratamiento milenario siempre ha sido ajo (derse), agua (ntarse) y "resina" (ción)Ring, ring, ¿Diga?. Hola doctor, soy la mamá de María -como si tuviera que saber el nombre de todas las marías y el de sus padres- le llamo porque ha hecho una caquita o "popó" algo más suelta. "¿No tiene nada más?", inquiero. "No, pero estoy muy intranquila por si tiene una diarrea". Yo debería contestar que si tiene 50 millones de deposiciones me vuelva a llamar pero no. Soy un discípulo de Job: "No se preocupe, si hace algunas más me lo dice" . "Pero doctor, es que la caquita que ha hecho es muy feúcha". Entonces es cuando empiezo a "orinar sangre" y mascullar algún taco como hace Sir Joseph Cavalieri. No sé si decirle que la lleven a un taller de cerámica para "moldearla" bonita, pero me callo porque estoy un poco fatigado.
Esta llamada era la número 62 de la tarde.








