viernes, 5 de abril de 2013

No poner nombres de lugares públicos dedicados a personas vivas

No sé porqué algunos tienen la manía de "bautizar" lugares públicos con nombres de personas que aún viven sin que tengan una biografía "contrastada". Respecto a los hospitales en Madrid se llevan la "palma" y nunca mejor dicho. Entre ellos están el del Rey Juan Carlos I, el de la Infanta Elena y el de la Infanta Cristina. Una "virguería" que merece una medalla al Mérito de la Clarividencia a quien los puso y muy especialmente en el caso de las féminas. La figura del rey ha de ser juzgada por la historia. Mi hija vive en Madrid y no tengo nada contra los madrileños, al contrario. En donde vivo también se hacen este tipo de reconocimientos.

Me gusta saber que hay detrás del nombre de una calle. Debería ser un lugar para recordar a alguna persona o institución destacadas. Por ejemplo, la conocida calle de Balmes de Barcelona; muchos no saben quién es pero por lo memos pervive su nombre con el paso del tiempo. Hay alguno sin mérito pero fácil de recordar como calle de Dublín pero como les dé poner calle de Naypyidaw (¿saben a qué país corresponde?) hacen un flaco favor a los ciudadanos. En Manhattan han simplificado muchas de ellas con un número y ¿quién lo conoce la Quinta Avenida?

En vida, lo puedo comprender nombrándole Hijo Predilecto y a su muerte pasar su nombre a calle. Así se evitarían muchos patinazos.