martes, 15 de noviembre de 2011

La urticaria

La urticaria es una erupción cutánea caracterizada por la presencia de ronchas o habones, unas protuberancias o verdugones que sobresalen en la superficie piel. Pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, tanto en forma de granos aislados de tamaño reducido como de bultos interconectados de gran tamaño. Las ronchas pueden durar de pocas horas a una semana (y a veces más tiempo), y las nuevas sustituyen a las que van desapareciendo. Cuando las ronchas persisten durante menos de seis semanas, hablaremos de urticaria aguda y, cuando duran más de seis semanas, de urticaria crónica.

Las reacciones alérgicas pueden desencadenar urticarias, igual que las temperaturas extremas, el estrés, las infecciones o las enfermedades. En algunos casos, la urticaria va acompañada de angioedema, una afección que cursa con inflamación alrededor de los ojos, los labios, las manos, los pies o la garganta. En casos excepcionales, la urticaria y el angioedema se asocian a una reacción alérgica grave o choque anafiláctico. Lo más frecuente es que las urticarias estén provocadas por reacciones alérgicas; en estos casos, la urticaria se desarrolla al cabo de pocos minutos de exponerse al alérgeno. Entre las alergias más frecuentes, se incluyen las siguientes:

  • alergia a alimentos, sobre todo el marisco, los frutos secos, la leche y la fruta
  • alergia a medicamentos e inyecciones contra la alergia
  • alergia a las mascotas y otros animales
  • alergia al polen
  • alergia a mordeduras y picaduras de insectos

El hecho de tocar algo a lo que una persona es alérgica también puede provocar una urticaria, pero a veces los ataques de urticaria no guardan ninguna relación con las alergias. Entre otras posibles causas de la urticaria, figuran las siguientes:

  • infecciones, incluyendo los catarros
  • ejercicio físico
  • ansiedad o estrés
  • exposición al sol
  • exposición al frío, como el hecho de sumergirse en una piscina de agua fría
  • contacto con sustancias químicas
  • rascarse
  • exponer la piel a presiones excesivas, como sentarse durante mucho rato seguido o transportar una mochila pesada colgada del hombro

Las urticarias provocadas por estímulos físicos, como la presión, el frío o la exposición al sol, se conocen como urticarias físicas.

La mayoría de la veces, los pediatras podemos diagnosticar una urticaria simplemente observando la piel del niño y preguntando donde ha estado o indagando el posible contacto con alergenos o a factores estresantes. En muchos casos, las urticarias leves desaparecen por sí solas sin necesidad de tratamiento. Si se identifica un claro desencadenante de los ataques de urticaria, el tratamiento incluirá asegurarse de que el niño lo evita en la medida de lo posible. Si el picor que provocan las ronchas supone un problema, se recomienda administrar un antihistamínico.