domingo, 24 de enero de 2010

El sillón de mi suegro

Las mujeres protestarán lo que quieran pero la realidad es que son las que mandan en la casa. O por lo menos en la mía. Los que me siguen saben que hicimos unas reformas en mi casa en las que, para evitar conflictos, "me pedí" un váter "atómico" que lo hace todo mientras yo leo o estudio y una mesa con miles de enchufes para conectar todas las "chorraditas" que me gustan. El equivalente al Alto Mando del Ejército pero sin nadie que me obedezca; entre mi váter y el centro de operaciones estratégicas sólo hay unos 2 metros. El resto de la casa es para mi mujer. Si, tímidamente, sugiero que pondría algo nuevo invariablemente me contesta: "hay que estudiarlo" y luego pasa algo parecido a la decisión entre el Tribunal Constitucional y el Estatut. A mí no me importa porque con mi cuchitril tengo de sobras.

A lo que voy. Mi suegro era una persona fantástica y me daba consejos que nunca olvidaré porque eran fruto de su experiencia y sabiduría. El que más recuerdo es una frase que se me quedó grabada: "En mi casa yo estoy para lo importante... pero nunca pasa nada". Joan, que así se llamaba, tenía un sillón en el que descansaba después de jornadas agotadoras; era su centro de operaciones (sin ir al váter, claro) oía la radio, veía la tele o leía el diario o libros. Con una constancia digna de Edison logró una cosa que yo todavía no he conseguido, aprender inglés con el famoso método Assimil. Joan murió en la cama plácidamente mientras estaba leyendo un libro.

Su sillón quedó vacío y yo me sentaba en él los domingos por la tarde después de comer en casa de mi estupenda suegra e inmediatamente me quedaba en brazos de Morfeo. El anciano sillón era comodísimo pero ya tenía osteoporosis y su esqueleto aguantaba mi peso con dificultad. Así que decidí osar decir a mi mujer: "me llevo este sillón a casa", respuesta: "hay que estudiarlo" ; me puse firmes como un general de 5 estrellas y le contesté que ya estaba estudiado. Conseguí que el desvencijado sillón fuera reparado durante semanas y hace tres días llegó a casa reluciente, precioso. Mi mujer que "no había estudiado" donde iba el sillón quedó encantada; tanto que está pensando en pedirle a mi suegra la pareja de éste.

Corolario: han ido pasando los años sin darme cuenta, he subido de peso estas fiestas de Navidad los 3 kg previstos por los dietistas, al reconstruir el sillón se han reducido las dimensiones y me cuesta asentar mis posaderas (saben que soy culibajo y paticorto) pero estoy convencido de que lograré que sea tan cómodo como cuando estaba en su lugar original.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Es una pena que, por culpa de la publicidad no pueda leer el post completo. No es la primera vez que me pasa, de hecho.

Núria dijo...

Que bé!!! Així en tindreu un per cadascún! d'aquests orellers preciosos! Ja us imagino passant algunes relaxades tardes de we... :-) i és que realment té molt bona pinta!

Núria dijo...

Ah, oblidava dir que a mi, per sort, ja no em surten les bandes de publicitat a mig post. Ja fa uns dies que els puc llegir perfectament,sense haver d'imaginar el que hi deia sota.

Elena dijo...

A mí también me sale la banda de publicidad, pero selecciono, copio y pego en el word y así puedo leer la parte tapada.

Daniela dijo...

Qué hermoso relato!! Emocionante y gracioso a su vez.
A ponerse las pilas entonces y bajar esos kilitos q no permiten disfrutar de esa hermosa herencia como corresponde!