miércoles, 20 de agosto de 2008

"Si llego a saber que llora tanto..."

Y en ese momento calló. En en transcurso de la visita intuí que la continuación de los puntos suspensivos era más o menos "... no lo tengo o n hubiera ido a buscarlo". Pienso, con buena fe, que o "metió la pata" sin querer o quiso hacer una bromay e frenó.

Este comentario me sirve para insistir, una vez mas, en que muchos de los cursos de preparación al parto son sólo eso; de preparación al parto. Del recién nacido casi no se habla y mucho menos de su comportamiento y fisiología de las primeras semanas de la vida; duerme unas 16 horas y llora unas ¡cuatro!. Eso es muy duro para unos papás que han llevado una vida comodona y sin preocupaciones de ningún tipo. Cuando tengan a unos amigos "embarazados" les comunican las posibilidades que les ofrezco al final de este post para que superen el "trauma" del llanto estereofónico tipo "tunning" y noches sin dormir. Lo de dormir es lo que los padres "me llevan peor".

No hace falta ser un lince para darse cuenta que la mayoría de los papás son primíparos y añosos que han vivido como han querido y ahora se ven sometidos al férreo mandato de su bebé: come, duerme, llora, caga y mea cuando de apetece. Y ellos a remolque del nene.

Sin duda los papás lo quieren hacer lo mejor posible. por eso les sugiero que si conocen "a una pareja en ciernes" les regalen mi librito y les inviten a mi próxima charla en octubre tal como esta anunciada al principio de este blog.

5 comentarios:

Laia dijo...

Yo he sido una primípara añosísima pero la naturaleza se apiadó de unos padres maduros y hemos tenido un niño de esos que sólo salen uno cada muchos años. Verán: comía cada tres horas, eso sí con la puntualidad de un reloj suizo, lo hacía en 10 minutos de cada pecho y... a dormir. Durante el primer mes, el pobre no sabía cómo dormir pero enseguida aprendió y sólo se despertaba para comer. Cuando le quité el pecho se mosqueó un poco, pero rápidamente se acostumbró al bibe ("Esto es lo que hay", le dije a los 5 meses, y se tragó la comida sin rechistar). En la guarde no se puso casi malito, tan sólo un par de fiebres y en el cole (ya tiene casi 7 años), tampoco.
Es cierto que la comodidad que nos había proporcionado los 8 años de casados sin niños se fue un poco al traste, pero también es cierto que los niños no son de mantequilla, son más fuertes de lo que parecen y, si les enseñas, aprenden y luego pueden ir casi a cualquier sitio con los padres y portarse bien sin dar el coñazo. ¡No soporto a esos niños que están dando la vara a sus padres y a los señores de la mesa de al lado y los padres es que ni pestañean y dejan al niño que haga lo que quiera! A cambio, tengo que aguantar que me madre me llame "madrastrona" porque no dejo que mi hijo haga lo que quiera, le enseño a que ayude en casa, que se duche solo (ya es mayor) y que no de la lata en público. ¿Pero hasta que años lloran?

Anónimo dijo...

Siempre te dicen que cuando te emparejas o casas tu vida cambia, pero para mí el cambio es tener un hijo, la verdad. Y el que lo tenga pensando en seguir el ritmo de vida anterior... ja,ja,ja... pero yo creo que se puede criar a un niño educado y con cierta independencia, como apunta Laia...
Mi hijo tiene dos añitos y (siempre yendo detrás a ver si lo tira) le mando cosas para tirar a la papelera, o al cesto de la ropa, supongo que algún día habrá sorpresa en uno un otro sitio. A poner la mesa,... Para lo de la ducha solo le queda un poco, pero conmigo ya se enjabona solo y colabora en el proceso de lavado y secado.
Es un sacrificio con sobrada recompensa, ¿como para repetir en plan "natillas"? pues no sé... Ya lo pensaremos mañana, como dijo Scarlata O´Hara.
Marta

Anónimo dijo...

El mío sí lloraba, sí, a todas horas y lo de dormir 16 horas ni de broma, dormía poquísimo, no sé cómo no se cansaba.
Yo creo que no estaba preparada para un bebé que lloraba constantemente, pero "con paciencia y una caña"... (mi marido no era "tan paciente", cambió de habitación).
Como bien dice el comentario anterior la vida te cambia cuando tienes un hijo, ya todo gira en torno a él. Y benditas rotaciones, es lo mejor que me ha pasado en la vida; adoro a mi pareja y quiero con locura a mis padres, pero con el nacimiento de mi hijo he descubierto realmente el amor incondional.

Anónimo dijo...

Como yo tampoco soporto a los niños que dan la vara a sus padres y a los de al lado, por eso opto en vez de sentarme en una terraza, llevarlos alparque, a la playa o cualquier otro sitio donde puedan correr y jugar, porque con 3 años y 4 y medio, no creo qu eles interese mucho estar de tertulia en un café, y tampoco pretendo que aguanten una comida de tres platos en un restaurante, porque hasta a mi me resultan tediosas.

Estoy de acuerdo con Laia en que no se les debe dejar hacer lo que quieran, porque sino, buf... y que si les enseñas, aprenden. Yo de momento no tengo ningún interes en que aprendan a comportarse en un restaurante. De momento practicamos los modales en casa, y en cuanto sea un poco mas mayores, ya se verá.

Laia dijo...

Teneis razón anónimos que a un peque de 3/4 años no se le puede llevar a un restaurante, pero también tienen que aprender a comportarse en un lugar público. Con unos añitos más, queridos anónimos podréis ir a algún sitio. Mientras tanto, parque y parque, pero también cine, teatro (todo infantil,claro), música... (a mi hijo el museo de la ciencia de la Caixa de Madrid le apasiona e iría allí todo lo que pudiera.
Estoy de acuerdo con vosotros de que tener a mi hijo (maravillosísimo) es lo que más me ha (nos ha) cambiado la vida, pero para mejor aunque llore y a veces lo regalarías porque se pone pesadito. ¡Pero da tanto gusto, que cuando me encuentro parejas que me dicen que los hijos para los que los "trabajan" me digo: "no sabéis lo que estáis diciendo; os vais a perder lo mejor del mundo". Y también creo que los modales se aprenden en casa, pero también fuera. Es como si aprendes a conducir y apruebas, pero dices yo no cojo el coche hasta que no sepa. Pues más o menos es lo mismo. En casa hacen las prácticas y luego hay que ver cómo les va. Y es curioso, pero luego se portan bien y les gusta ir a los sitios porque sienten que les tratas como a mayores y eso... les encanta.