viernes, 15 de febrero de 2008

Una limosnita para esta pobre mujer...

Algunos afirman que esta foto ha sido tomada en Madrid; y otros, en Barcelona. En cualquier caso, ninguno de sus alcaldes —Sr. Ruiz Gallardón o Sr. Hereu— se preocupan por gente necesitada como la persona que ven en la imagen: cabizbaja, derrotada, escasa de ropa y harapienta, y cargada con pesadas bolsas de plástico con nada que la proteja. En fin, una pena.

Espero no molestar a nadie, pero muchas veces mis pacientes se presentan en la consulta de forma harapienta. Doctor, es usted un santo varón. Y que lo digan; no les doy limosna, no; hay que reconocer que uno se obnubila ante tanta miseria y no es capaz de encontrar una moneda en su bolsillo.

Este post viene a cuento por la moda minimalista que cada vez es más frecuente, y a la que poco a poco nos vamos acostumbrando. Los padres trabajan de sol a sol para poder comprar ropa a sus hijas; y éstas, "desagradecidas", la rompen para conseguir un aspecto harapiento y dejado. En pleno invierno se ven cantidades de ombligos y "mediosculos" con tanga, especialmente cuando una chica, como la de la foto, se agacha para recoger la limosna. Es cierto que la moda juvenil siempre preocupa a los padres. Pero los padres también fueron motivo de precupación para los suyos. Miren los primeros discos de los Beatles: ¡tocaban con traje, camisa y corbata! Ayer por la mañana el director del Centro para la Investigación en Catalunya dio una charla en nuestro hospital y confirmó que, en ese centro, trabajan mentes privilegiadas con un aspecto deplorable para los que somos talluditos.

Pero hoy me gustaría que opinaran sobre una duda existencial que tengo desde siempre: ¿las mujeres se arreglan para que las miren y admiren otras mujeres o para que lo hagan sólo los hombres? Cuando voy a un festejo, soy incapaz de recordar cómo iba vestida fulanita o zutanita. Los hombres siempre llevamos más o menos lo mismo. Personalmente no logro recordar ningún detalle de los maravillosos vestidos que llevan las damas. Pero las mujeres no; al contrario, ellas repasan al detalle lo que llevan puesto las otras, y luego esos "modelitos" son motivo de comentarios en tertulias posteriores.

No sé si me teoría es compartida. Las mujeres miran como visten las mujeres, se visten para que las admiren, sobre todo, otras mujeres y de paso que el hombre no esté ocioso y despistado.

Cierro este post con la alegría de pensar que si alguno de esos malavados alcaldes me lee, no permita que haya más pobrecitas harapientas como la de la foto. Amén.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Dr. Santi, tendría que abrir más su mente y adaptarla a los tiempos de hoy en cuanto a la moda. Si no es por el bien de sus pacientes, como mínimo por el de sus hijos, nietos, etc. Son modas y eso es todo. Podríamos discutir mejor por qué tiene tanta importancia la moda y no qué moda. En cuanto a lo de si nos vestimos para los hombres o para las mujeres... creo que para los dos.

Marc dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Marcos Carrasco dijo...

Señora (o señorita), la verdad es que si es por nosotros no hace falta que se vistan....

Anónimo dijo...

Yo me visto y arreglo para gustarme a mi misma. Me sube la autoestima!

Anónimo dijo...

Uyyy, doctor
¡cómo le gusta provocarnos con sus observaciones extramédicas! Asistimos a la era del Tanga y la Medioraja, un poco hortera que me recuerda al fontanero de toda la vida que al agacharse nos muestra la raja del culo como si fuera la boca de una hucha dispuesta a sorber nuestros ahorros. Pero la Tangamanía no es menos impúdica, y lo digo entre comillas, que las desnudeces que contemplamos en décadas pasadas. ¿Acaso no se acueda de los hippies? Pechos, penes y nalgas ensortijadas -en aquellos tiempos nadie se depilaba- hacían las delicias de los Woodstock... ¿Y qué me dice del despelote a la española tras la muerte del Dictador? Las jóvenes se liberaron de los sujetaperolas y, con unos nuevos aires de libertad, las pusieron cara al sol. Cada década tiene sus picardías y sensualidades.
En cuanto a la pregunta que nos lanza sobre si las mujeres se arreglan para ser admiradas por la demás o por los varones, mi opinión es que hay un poco de todo. Yo he observado que cuando una mujer bella y elegante entra en un lugar, tanto ellos como ellas sienten admiración: ciertamente, las otras féminas le hacen un escrupuloso escáner en busca del detalle con el que apaciguar su estado de envidia. Y los hombres hacen otro tipo de escáner, más rudimentario y primitivo, cuyo objetivo es desnudarla y ver que se esconde detrás de los trapitos. Quizás sea usted un portento de estos últimos, que "escanea" el material según va entrando en su campo visual. O es eso o las copichuelas.
Y séame honesto: ellas hacen tertulias de los trapitos, pero ellos, de lo que hay debajo.No se me despiste, Tornel.

Fray Dulento