viernes, 12 de agosto de 2011

El holocausto español e Inside Job... ¡menudas vacaciones estoy pasando!

Un accidente tecnológico me impide continuar con el post de hace un par de días; irrecuperable de tal manera que me recuerda al “fatal error” -cada vez que lo veía me daba un patatús- de los antiguos sistemas operativos Windows. Hoy sólo les haré un breve comentario de lo que estoy leyendo estos días: “El holocausto español” de Paul Preston (Ed. Debate), un tanto prolija para el período vacacional y compleja para desconectar del estrés diario pero impresionante para comprender el odio generado en la Guerra Civil y la posterior dictadura, “Caring your baby and young child”, de la American Academy of Pediatrics (Ed. Bantam Books, 5ª edición) para no perder el hilo de mi profesión además de periódicos de todas las orientaciones y raleas, dada la situación en España, con la dichosa prima de riesgo subiendo y bajando, la Bolsa en caída libre, aunque ayer se animó un poco, e Inglaterra con esos disturbios callejeros tan impactantes.

En mi pequeño ordenador he visto la película “Inside Job”. Al verla uno acaba de convencerse de que este mundo esta dominado por unos pocos y que las agencias de calificación crediticia como Moody’s Investor Service, Standard and Poors Corporation y Fitch no son de fiar y están al servicio de los poderosos y especuladores –como siempre ha sido así. ¿Para qué hacerles caso? Ya sé estas instituciones “independientes” son, para algunos, imprescindibles a la hora de lidiar con toda la información disponible en unos mercados financieros cada vez más globalizados y que elaboran nuevos y más sofisticados productos cada día. Sin embargo, me parece buena la actitud de los italianos que ya han puesto sus oficinas patas arriba. No olviden que su fin es ganar dinero y no ganarse el cielo. Personalmente, creo que hacemos demasiado caso a esas “empresas-jueces” de la economía y ya no digamos nada de las empresas auditoras que ganan dinero a espuertas.

Debo reconocer, sin embargo, que el problema de España está en que seguimos con la tónica de siempre: pocas ganas de trabajar, escasa productividad y políticos que no inspiran confianza. ¿A quién votar el 20-N?