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martes, 17 de agosto de 2010

Alarmas nocturnas de pipí para acelerar el control diurno

Como saben una de mis áreas de interés en pediatría es el tratamiento de niños que tienen enuresis nocturna (mojar la cama por la noche o bedwetting). Uno de los pilares de tratamiento es la alarma nocturna aunque muchos pediatras desconocen como se emplean correctamente, otros no saben dónde se pueden obtener y algunos padres usan alguna, sin ton ni son, prestada por un vecino o amigo.

Revisando este humillante trastorno para el niño, joven y adulto hace un año leí este artículo referente a estas alarmas pero con una indicación completamente diferente: condicionar al niño a que durante el día controle más rápidamente su vejiga o, dicho de otra manera, la micción voluntaria con una alarma colocada durante el día (
Vermandel A, Van Kampen M, De Wachter S, Weyler J, Wyndaele JJ.The efficacy of a wetting alarm diaper for toilet training of young healthy children in a day-care center: a randomized control trial. Neurourol Urodyn. 2009;28:305-8.

Los autores comparaban dos métodos para lograr que el niño controlase más rápidamente la micción durante el día -condición exigida/recomendada por algunas guarderías y deseo ansioso de muchos padres para evitarse trabajo. En un grupo de niños, empleaban alarmas nocturnas para avisar cuando al niño se le escapaba el pipí y lo sentaba en el orinal animándole a finalizar la micción para acelerar el aprendizaje y al otro se empleaban el método clásico de sentarlo 4 veces al día en niños fisiológicamente maduro y con refuerzo positivo.
Este estudio recibió críticas por el escaso número de niños incluidos pero lo cierto es que en los que usaron alarma su respuesta fue espectacular comparado con el otro grupo. A pesar de esta diferencia tan notoria no ha vuelto a aparecer ningún estudio más que reafirme o desestime la utilidad de las alarmas de pipí para la enseñanza del control de esfínteres durante el día. Tampoco he encontrado ninguna evaluación en niños con discapacidad en los que, sin duda, podría ser muy útil.
¡Cuántos estudios potencialmente útiles se quedan por el camino!.

De todas formas hay algo en lo que no estoy de acuerdo. Hay guarderías que
para entrar en ellas
exigen el control perfecto de los esfínteres en niños pequeños cuando, madurativamente, no están todavía preparados para ello. Eso es desconocer la variabilidad de la fisiología humana.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Vivir en la riqueza, y comer y defecar en la pobreza

Parte 1

¡Caramba, doctor, está usted escatológico! Pues sí. Les voy a hablar de una situación que cada vez es más frecuente y crea en algunos niños trastornos en la regulación de la micción y defecación.
En mi juventud, con una sociedad de recursos escasos y con hábitos de higiene limitados, las necesidades se hacían habitualmente en casa en unos lavabos normalitos y similares a los del cole. Si te ibas a casas de campo, disponías de la "comuna", un orificio en el suelo de una terracita, desde donde las necesidades caían al campo libre para favorecer la agricultura ecológica. Incluso algunos hoteles y fondas solo contaban con un cuarto de baño para todas las habitaciones de la planta.


Gracias a Dios las cosas han cambiado a mejor -excepto que los hombres continúan salpicando fuera de la taza-. En el transcurso de los años creo que desde el punto de vista higiénico hay mucha diferencia entre los lavabos de casa y los de los colegios. Esto lleva a una situación, muy habitual, en la que el niño/a o jóvenes no quieren defecar en el colegio, porque le "da asco, está sucio o huele muy mal". Con el tiempo van perdiendo el reflejo o la sensación de defecar y muchos no saben su ritmo deposicional, por lo que pasan varios días sin hacer sus necesidades. Ello conlleva a un estreñimiento pertinaz, dolor, fisuras, sangrado y miedo a defecar. Así, se convierte en un círculo vicioso: cuanto más estreñimiento, mayores son los dolores y el miedo. Yo también reacciono como estos jovenes cuando voy a algunos lavabos públicos, por ejemplo, el de las autopistas.


Desde luego las mujeres lo tienen peor; si a mí me cuesta hacer "mis cosas" en según que sitios, porque me dan "repelús" por lo sucio y maloliente que está todo, la mujer debe hacer "virguerías" para hacer las dos cosas y le quede el trasero inmaculado.

Parte 2
Hace un tiempo fuimos mi mujer y yo a visitar a mi hijo que tiene la osadía de vivir en China. Algunas de las costumbres higiénicas chinas se parecen a las nuestras de años ha. Por ejemplo, escupen por la calle -costumbre que han prohibido para los Juegos Olímpicos, no vaya a ser que en el estadio te caiga "del cielo" un escupitajo-.


Estábamos en Hong Kong (zona de régimen especial perteneciente a China con una organización y limpieza asombrosas)y hacía un calor pegadizo cuando cogimos el tren para ir a ver a nuestro hijo que vive en Shentzen (China). Convenientemente rehidratado, al llegar a la frontera mi vejiga me alertaba de que pronto necesitaría un "desagüe". Cruzar la frontera fue como pasar de la noche al día. La zona china era el reverso de la hongkonesa. Fui al servicio público consistía en una pared larguísima sin separaciones en la que los miccionantes se apelotonaban y comprimían como piezas de un puzzle. Cuando salía uno, se "encajaba" otro. Los escupitajos sonaban por doquier. El hedor te tumbaba de espaldas. La verdad es que me dio un ataque de "paruresis" y me fui. Llegados a Shentzen ,casi a punto de ponerme un torniquete, pude liberarme con un hondo suspiro y una sensación de felicidad inefable.


Parece mentira que de pequeño, acostumbrado a pasar privaciones higiénicas, soportase perfectamente estas incomodidades y ahora parezco un señorito. Pues sí, lo siento, pero me he vuelto señorito. Precisamente ahora estoy reformando el cuarto de baño de mi casa y un día, si me apetece, les explicaré el váter-bidet atómico que me van a instalar.