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domingo, 21 de febrero de 2010

Ana Rosa Quintana Hortal

Es una de las presentadoras españolas de televisión más populares y su primer programa en televisión fue de los que recuerdo con más sentido común y aleccionador para el espectador. Nació el 12 de enero de 1956 en Madrid, en el seno de una familia de clase media. Hija de José Antonio -empresario de coches- y Carmen. Mientras estudiaba en la universidad, trabajaba por las mañanas junto a su padre. En 1980 se licenció en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de su ciudad natal.

Empezó su carrera en la radio y en los años ochenta inició su labor en la televisión. A principios de esa década comenzó a presentar, junto a Alberto Delgado, Telediario-Última Edición de TVE; y ahí empezó a hacerse popular. Once años después empezó a trabajar en Telecinco en el programa "Veredicto", mítico programa de televisión donde se celebraba un juicio a modo de arbitraje para problemas entre amigos o vecinos; lo que sigue de su labor como presentadora ya lo conocen de sobras. El programa Veredicto lo recuerdo perfectamente por varios motivos: era instructivo, había un jurado popular que votaba con unas bolas de color y finalmente un magistrado jubilado daba su veredicto. Eran casos sencillos, casi de estudiante de derecho, pero me sirvió para darme cuenta de lo difícil que es impartir justicia en casos que parecían una chorrada; la presentadora me impresionó por su buen hacer y su elegancia y, aunque después se dedicó a otros menesteres -incluso al plagio-, he sabido de sus éxitos en las emisiones matutinas que jamás he vuelto a ver.

miércoles, 21 de octubre de 2009

MountSewer Palace & Calatayud Judge

Los sagaces podrán descubrir las frases sobreimpresionadas en esta imagen de Google Earth. Para los que no puedan leerlas les pido a capaces de hacerlo que en sus comentarios las aclaren así como el lugar de España por donde sobrevuela el satélite.

Decálogo para formar un delincuente:
1: Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
2: No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3: Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.
4: No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.
5: Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6: Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7: Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
8: Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9: Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10: Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

Este decálogo es del popular juez de menores de Granada, Emilio Calatayud conocido por sus sentencias educativas y orientadoras. Sé que tiene hijas. En una reunión de Medicina del Adolescente en Sevilla le preguntamos que pasaría si uno de los presentes recetara a una de sus hijas un anticonceptivo sin su permiso y su respuesta fue fulminante: "lo metería en la cárcel" porque él tenía la patria potestad.

No he podido saber si ha hecho declaraciones de lo que está ocurriendo: la píldora del día después y el aborto sin permiso paterno. Me interesaría mucho saber lo que piensa.

jueves, 21 de febrero de 2008

"Tiene un principio de..."

En muchas ocasiones, para intentar que los padres comprendan un concepto médico y no se asusten, empleamos un lenguaje peculiar. Las palabras como neumonía o meningitis dan escalofríos a los papás. Hace muchos años —parece que esté explicando un cuento—, algunos pediatras barceloneses inducían a los padres a creer que eran unos médicos supersabios —cuando en realidad eran normalitos— para atraer más clientes a su consulta. Incluso por esa época Alberto Sordi protagonizó una película El médico de la mutua en la que mostraba todas las triquiñuelas que empleaba para impresionar al personal.

Cuando tenían ante sí a un niño con un catarrito de medio pelo, estos pediatras pronunciaban la siguiente frase solemne: "Este niño tiene un principio de pulmonía". Por aquella época, la pulmonía era una enfermedad grave, por lo que los padres, acongojados, cumplían a rajatabla el tratamiento que consistía en darle, la mayoría de las veces, una tanda de inyecciones. Confiando en el "sabio", los padres llevaban al niño de nuevo al médico poco tiempo después. Como sucede con la mayoría de catarros, los niños se curaban solos, pero los papás creían a pies juntillas que el pediatra había salvado a su hijo de una neumonía. Estos pediatras se servían de esta misma estrategia en los niños con cefaleas y vómitos por cualquier virus, y sentenciaban: "Tiene un principio de meningitis" y de este modo se iniciaba el mismo patrón de seguimiento que el de la supuesta neumonía. De "principio de meningitis" nada de nada. O se tiene o no se tiene.

Curiosamente, aunque los tiempos han cambiado, para que los padres entiendan que el niño tiene una bronquitis aguda, algunos pediatras dicen con buena fe que "tiene un principio de neumonía" con el ánimo de que la familia no se vaya angustiada con el diagnóstico de neumonía verdadera.

Esto me recuerda, en otro orden de cosas, un famoso episodio que ocurrió en un servicio de urgencias —ya desaparecido— al que yo acudía como asistente para desfogarme mientras estudiaba Medicina. En las urgencias hay que redactar un parte médico muy claro y detallado de lo que se ha observado en el paciente. Un médico novato escribió en un parte: "... y el paciente ingresa casi muerto". El juez lo llamó conminándole a que aclarase el significado de la frase. El médico se defendió: "Pues lo pone bien clarito: no estaba muerto del todo".

sábado, 9 de junio de 2007

Nene, ¿me das permiso para......?

Acostarte, quitarte el chupete, bañarte, sacarte a pasear, dejarte sin comer chuches..........y un sin fin de acciones similares. En la foto de la lado me pueden ver un poco preocupado. En nuestro entorno hay mucho temor a lo "políticamente correcto". Nadie se atreve a poner las cartas sobres las íes en materias de inmigración (aquí no entra nadie que no haya pasado una revisión médica y tenga permiso para trabajar) o autoridad (en vez de sancionar económicamente hacer una labor social), por ejemplo.
En otro contexto observo pasmado cómo se han invertido los papeles en casa. Los padres insinúan, suplican, solicitan, piden permiso: "¿quieres bañarte, nenito mío?", "¿haremos lo que nos ha dicho Santi? con cinco añitos ya no deberías llevar chupete o dormir en nuestra cama" Con el tiempo los jovencitos ya llegan a pegar a sus padres e incluso a exigirles una pensión. Yo creo que se confunde tanto la autoridad con el autoritarismo que al final no hay ni una cosa ni la otra.
Tuve la oportunidad de estar en una conferencia con el conocido juez de Granada por sus originales sentencias. Uno podrá estar de acuerdo o no con él pero creo firmemente se deben cumplir muchas de las infracciones las leyes, especialmente por los jóvenes, con una sentencia rápida y con reparación del daño de una forma ejemplar no violenta (el que pinta graffitis una semana con un mono amarillo a limpiarlos, el que destroza algo llevarlo al monte a desbrozar los matorrales paara evitar incendios....). A todo el mundo le ha llamado la atención una sentencia a una famosa modelo por ser irrespetuosa con el personal subalterno. Pienso y creo que este tipo de reparaciones deberían ser habituales. Quizás un abogado o un juez esté leyendo esto piensa que estoy diciendo una burrada. No lo sé, pero también me gustaría imponer el toque de queda a jóvenes ciertas edades por la noche. ¡Qué barbaridad, está usted loco doctor!. Quizás sí pero me encantaría probarlo.....
Por si acaso y desde pequeñitos a sus hijos les han de hablar suavemente en primera persona. "A mí me gusta que esto se haga así....."