sábado, 26 de enero de 2013

Qué le ocurre al niño perfeccionista (II)

Continuando con una entrada anterior, es importante conocer los rasgos más comunes relacionados con el “perfeccionismo”:  
  • Necesidad de Control: El perfeccionismo es un intento de conseguir el control de la vida diaria, que surge de la errónea convicción de que teniéndolo todo controlado, evitarán ser vulnerables a los cambios, a la inseguridad personal y al cuestionamiento de su conducta. Dicha necesidad de control se plasma mediante conductas de organización y orden, meticulosidad, atención en los detalles, y una vida rutinaria sin lugar para el azar. ¿Qué se puede hacer?: exponerse repetidamente y de forma controlada a situaciones “imperfectas” que producen ansiedad, frustración o incomodidad, hasta que éstas dejen de ser un problema para el individuo, y saber establecer prioridades.  
  • Evitación: Las personas perfeccionistas elevan tanto sus objetivos que involuntariamente los convierten en inalcanzables. Ello provoca que la persona se angustie y paralice también la consecución de objetivos más modestos. La evitación puede llevarse a cabo mediante diferentes vías: postergar tareas, abandono prematuro de tareas, pensamientos inhibidores, incapacidad de abandonar una tarea, y lentitud en la revisión de cada detalle. ¿Qué se puede hacer?: combatir el aplazamiento de tareas dividiéndolas en sub-tareas más manejables, bajar el listón de las tareas que se desean conseguir, o establecer un tiempo límite para cada actividad, pasado el cual deberán abandonar la tarea.  
  • Preocupación e indecisión: Algo de ansiedad y preocupación es fundamental para llevar a cabo las actividades. El problema radica en cuando esta ansiedad y preocupación es excesiva. Algunos perfeccionistas tienen problemas de indecisión. El temor a perder lo que se quiere o simplemente la necesidad de no cambiar las cosas les impide decidirse. La indecisión y la duda suelen conducir a la infelicidad. ¿Qué se puede hacer?: “mover ficha” y empezar a tomar pequeñas decisiones del día a día, o usar la detención del pensamiento y cuando no se pueda dejar de dar vueltas a un pensamiento dar un golpe fuerte en la mesa y decir en voz alta “basta ya”. 
En ocasiones, puede resultar muy difícil cambiar un estilo perfeccionista y el malestar generado supera el nivel “normal” de estrés, llegando a convertirse en síntomas de ansiedad o bajo estado anímico. En estos casos, lo más recomendable es recibir ayuda de un profesional que pueda reconducir nuestros pensamientos, emociones y conductas, para aprender a interpretar la realidad de manera más adaptativa y conseguir así bienestar emocional. Para ello nada mejor que consultar con la especialista Ana Martínez del Centro ITAE.