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viernes, 23 de noviembre de 2012

La mayoría de los dolores de cabeza del niño no están relacionados con problemas visuales u oculares y desaparecen en el tiempo


El título de este esta entrada es el resultado de una investigación presentada en la American Academy of Ophthalmology (AAO) 2012 Annual Meeting por los médicos del Albany Medical Center (New York) y desmonta un mito urbano muy popular. Por lo tanto, un niño que va a la escuela y se queja de cefaleas es muy poco probable que sea por un trastorno de la visión y, por lo tanto, tampoco ha de ir al optometrista o al oftalmólogo.

Es cierto que los dolores de cabeza recurrentes se deben valorar por un pediatra. La mayoría de ellos corresponden a cefaleas de tensión así como los dolores de barriga. Las "tres bestias negras" del pediatra son los niños con dolores frecuentes de cabeza, barriga y extremidades sin ningún síntoma acompañante. Estos dolores suelen ser funcionales, sin causa orgánica, pero muy repetitivos y no interfieren en las actividades normales del niño.

viernes, 29 de julio de 2011

¿Cuál es su diagnóstico?


Este bebé tiene un bulto enorme en la cabeza que apareció dos días después del parto y, ahora, ya tiene dos semanas de vida. He visto muchos niños como este. Si fuera su hijo ¿irían a urgencias? ¿creen que ha de operarse? ¿es un tumor maligno? ¿qué puede tener dentro de ese bulto tan grande que es algo blando a la presión: masa cerebral, sangre o líquido cefalorraquídeo? ¿hay que pinchar con una jeringa e intntar vaciar el posible líquido?. El parto fué normal, sin fórceps, a término (40 semanas) con un peso al nacer de 3. 400 gr. En las ecografías prenatales la cabeza se veía sin ninguna deformación.


Lo curioso es que este bebé tiene un aspecto magnífico, come bien, sube de peso y es bastante tranquilo.

Muchos de los padres que leen este blog habrán tenido algún hijo con algo parecido - quizás no tan grande- pero el diagnóstico es facilísimo. Lo explico en mi clase: "Padres novatos, ¿cómo sobrevivir el primer mes?".

domingo, 13 de febrero de 2011

Qué hacer cuando un niño se da un golpe en la cabeza

Traigo a colación este tema porque, por casualidad, en esta semana he recibido unas cinco llamadas sobre golpes en la cabeza por diversos motivos: caerse de la cama, tropezar y darse con el canto de una escalera, resbalar cayendo de espaldas, etc.y los padres llaman alarmados por el traumatismo craneal.

 Los niños pequeños no conocen el miedo. Su osadía y atrevimiento provoca caídas con frecuencia. En su afán explorador, se darán una cantidad enorme de golpes en cabeza mientras aprenden a girarse, arrastrarse, subirse, bajarse, andar o correr. Los traumatismos son más frecuentes en los niños que en los adultos debido a su peor equilibrio. Pese a la alarma que suelen provocar los golpes en la cabeza, en la inmensa mayoría de los casos, los chichones, rasguños y heridas se curan sin problemas. Debido a que la piel está bien irrigada una herida superficial puede sangrar de forma alarmante pero les fácil detener la hemorragia simplemente comprimiendo con una gasa.

El perfil más habitual del paciente que acude al servicio de urgencias pediátricas con un traumatismo craneal es un niño de entre uno y tres años que ha sufrido una caída de escasa altura o un golpe banal y que, aparte de la contusión de la piel y tejidos blandos, no presenta síntomas ni signos que hagan pensar en una lesión intracraneal.

Reaccionar con tranquilidad y rapidez; dos cualidades nulas en muchos padres, en lo adecuado.El susto suele ser normalmente peor que el golpe en sí, pero es imprescindible estar atento a determinados síntomas y a la evolución del niño en las 24 horas siguientes, ya que un golpe en la cabeza no está exento de riesgos o incluso de graves complicaciones, como hemorragias cerebrales. Lo principal ante un traumatismo craneal es reaccionar con rapidez y eficacia, evitando ese estado de bloqueo en que entran algunos padres cuando sienten que su hijo corre peligro.

La importancia del accidente dependerá de la fuerza del impacto y su repercusión en el cerebro. A grandes trazos, los golpes en la cabeza se pueden dividir en dos tipos:

  •  Los leves y sin pérdida de conciencia. En la mayoría de los casos, por espectacular que haya podido parecer el golpe, el niño se recupera sin problemas, como si nada hubiera ocurrido. En estos casos, no es necesario acudir al médico y basta con que una persona responsable observe la evolución del pequeño durante 24 horas para comprobar que su comportamiento es normal. Si hay síntomas pasados algunos minutos, como cansancio, palidez o llanto inconsolable, hay que estar alerta. Si, además, el niño tiene náuseas, vómitos o mareos, es imprescindible acudir al medico.
  • Los que implican un pérdida de conciencia breve. En estos casos, sí es necesario un reconocimiento médico. El especialista decidirá si es conveniente una radiografía de cráneo para detectar posibles fracturas o una TAC para descartar lesiones cerebrales.


Las horas posteriores son importantes. No es infrecuente que los niños que se han dado un buen golpe en la cabeza experimenten síntomas como falta de ánimo, cansancio, inseguridad al andar, irritabilidad, pérdida de apetito, alteración en el ritmo de sueño, disminución del rendimiento escolar, cambios en su forma de jugar o falta de interés en los juguetes. Es el llamado síndrome post-concusión, que puede durar apenas unas horas o prolongarse hasta unas tres semanas después de un golpe de cierta intensidad. En estos casos, es necesario comprobar que no existan síntomas de una posible lesión cerebral y se hace imprescindible una revisión y seguimiento por parte del pediatra o el neurólogo infantil. En la mayoría de casos,  se tratan de traumatismos craneales de carácter leve. Aun así, es necesario realizar una vigilancia domiciliaria estrecha (incluso despertándole por la noche si lo indica el médico) durante las siguientes 24 horas. Es normal que el niño continúe un poco asustado, que no recuerde el momento del golpe, que tenga algún vómito esporádico o se queje de cefalea difusa en las horas siguientes, pero hay que acudir a urgencias si se detecta alguno de estos síntomas:

  • Cefalea o irritabilidad intensas y persistentes
  • Vómitos persisten pasadas unas ocho horas
  • Alteración del equilibrio, de la forma de andar, de la visión, de la forma de hablar, etc
  • Movimientos extraños, incapacidad para moverse o pérdida de fuerza de manos o piernas
  •  Sale sangre o un líquido transparente (líquido cefalorraquídeo) por los orificios nasales o por los oídos
  • Si está desorientado, confuso, no conoce a los familiares próximos o no sabe dónde está.

domingo, 17 de agosto de 2008

"Tummy time". Ponerlo boca abajo

Cuando se recomendó el cambio de postura para dormir del bebé hacia arriba o de lado, inmediatamente me di cuenta de que iba a causar problemas en la cabeza del niño. Por ese motivo publiqué una carta en Anales Españoles de Pediatría alertando a todos los pediatras sobre las deformaciones que se producían en la cabeza por una mala postura (Pastor Gómez AM, García-Tornel S: Posición para dormir y deformidades por compresión: alerta a los pediatras extrahospitalarios. An Esp Pediatr 1997; 46: 313-314). La carta pasó desapercibida pero el tiempo me ha dado la razón. La deformación del cráneo del bebé, llamada plagiocefalia, por dormir boca arriba ha aumentado de forma exponencial. En la imagen que les muestro, con una visión desde arriba de la forma de la cabeza, se ve perfectamente como los pabellones auriculares quedan asimétricos así como el perímetro. A los papis que vienen a la consulta saben que les inculco el poner a su bebé boca abajo siempre que puedan; por lo menos 15 minutos tres veces cuando está despierto.


Al principio este cambio no le gusta nada al bebé y hay padres pánfilos que no se atreven a ponerlo boca abajo porque llora y "sufre, el pobrecito". Las consecuencias de una mala postura pueden llegar a ser desastrosas requiriendo tratamiento ortésico con un casco especial. Ahora los americanos se han dado cuenta de la magnitud del problema y están promoviendo la campaña "Tummy time" que, en resumen, es que se cambie frecuentemente la postura del niño y se le coloque boca abajo cuando esté despierto.

Recomendación: Boca arriba dormido, boca abajo despierto.

sábado, 30 de junio de 2007

Las "tres bestias negras" del pediatra

A medida que el nene o la nena van creciendo se vuelve más "espabiladillos". De los cuatro años en adelante hay tres consultas que son constantes: DOLOR DE CABEZA, DOLOR DE BARRIGA y DOLOR DE PIERNAS. Ahí empieza, a veces, nuestro calvario. Son las tres bestias negras del pediatra. ¿Por que digo eso?. Porque los papás vienen preocupados por los dolores del nene. Ante un "dolor recurrente" infantil hemos de actuar con "ojo avizor" para saber si puede tener algo en realidad o es "cuento" o en términos psiquiátricos una somatización. Corremos el riesgo de que si es "cuento", como suele ser, empecemos a hacer, presionados o no por los papás, pruebas y análisis que no servirán de nada.
El niño, al crecer, oye todo lo que se comenta en casa. Y va aprendiendo sobre los "dolores". Así como no hay ni un solo día que no se hable de " si esto o lo otro engorda" o temas de adelgazamiento, también es frecuente oír frases que soltamos los adultos: "este idiota me da unos dolores de cabeza...", "tengo la cabeza como un bombo", "...creo que me a estallar" y así sucesivamente. También, con menos frecuencia, hacemos comentarios sobre molestias abdominales. Los de las piernas son menos frecuentes y suelen estar relacionados con "petardos" movidillos.
El nene, que lo caza todo al vuelo, "aprende a tener dolores": le duele la cabeza antes de ir al cole, le duele la barriga a medio comer...., le duelen las piernas al andar (y su santa madre, misericordiosa, lo lleva en brazos). Al "pediatra curtido" le es relativamente fácil "cazar" a estos "pájaros" listos como el hambre. Pero si los papás son "Miuras" hay que saber torear mucho para convencerles de que los "terribles y frecuentes" dolores de su hijo no son debidos a enfermedad.
La anécdota más divertida que recuerdo es la de un niño ya mayorcito "que al andar se cansaba". La mamá para ir más rápido a los sitios decidió llevarlo en cochecito. La mamá vino preocupada porque el cansancio de su "marajá": "algo tiene este niño que siempre está cansado". Sólo una pregunta me bastó para estar tranquilo: "¿en el cole le pasa lo mismo?". "es curioso, me contestó, allí está bien". El "marajá" había conseguido un chófer a su antojo....