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jueves, 15 de diciembre de 2011

Dolor de cabeza persistente en el niño después de un traumatismo craneal

Cuando un niño se queja de dolor de cabeza los padres siempre tiene tendencia a pensar lo peor. Si tiene fiebre en una meningitis y si no la tiene en un tumor. Las cefaleas es uno de los síntomas más frecuentes en el niño. A los 7 años entre el 37 y el 51% han tenido dolor de cabeza en alguna ocasión y a los 15 años entre el 57 y el 82% Como ven es muy frecuente y, además, el 70% de los niños y jóvenes tienen más de una cefalea al año.

El traumatismo craneal asusta por las posibles complicaciones como fracturas óseas o hemorragias cerebrales. La mayoría de ellos no tienen consecuencias pero un reciente estudio ha demostrado un hecho interesante. Los niños que sufren una conmoción cerebral u otra lesión cerebral traumática son más propensos a desarrollar dolores de cabeza durante el año siguiente al "porrazo". No se sabe la causa pero hasta pueden tener problemas de sueño o de concentración. El hecho es notorio porque en EEUU acuden cada año a urgencias más de medio millón de niños por un golpe en la cabeza (deportes, las caídas y los accidentes de tráfico). Después de tres meses, el 43 de cada 100 niños que sufrieron una lesión cerebral leve se quejó de dolores de cabeza. Entre los niños con lesiones cerebrales moderadas o graves, 37 de cada 100 se quejaron de dolores de cabeza.

No está claro por qué los niños con lesión cerebral leve eran más propensos a tener dolores de cabeza que los que sufrieron daños más graves. Afortunadamente, 12 meses después de una lesión cerebral, los dolores de cabeza desaparecen.

sábado, 15 de octubre de 2011

Qué hacer ante un golpe en la cabeza del niño

Sigo con el tema de ayer pero adaptado a otra edad.

Los niños pequeños no conocen el miedo. Su osadía y atrevimiento provoca caídas con frecuencia. En su afán explorador, se darán una cantidad enorme de golpes en cabeza mientras aprenden a girarse, arrastrarse, subirse, bajarse, andar o correr. Los traumatismos son más frecuentes en los niños que en los adultos debido a su peor equilibrio. Pese a la alarma que suelen provocar los golpes en la cabeza, en la inmensa mayoría de los casos, los chichones, rasguños y heridas se curan sin problemas. Debido a que la piel está bien irrigada una herida superficial puede sangrar de forma alarmante pero les fácil detener la hemorragia simplemente comprimiendo con una gasa.

El perfil más habitual del paciente que acude al servicio de urgencias pediátricas con un traumatismo craneal es un niño de entre uno y tres años que ha sufrido una caída de escasa altura o un golpe banal y que, aparte de la contusión de la piel y tejidos blandos, no presenta síntomas ni signos que hagan pensar en una lesión intracraneal.

El susto suele ser normalmente peor que el golpe en sí, pero es imprescindible estar atento a determinados síntomas y a la evolución del niño en las 24 horas siguientes, ya que un golpe en la cabeza no está exento de riesgos o incluso de graves complicaciones, como hemorragias cerebrales. Lo principal ante un traumatismo craneal es reaccionar con rapidez y eficacia, evitando ese estado de bloqueo en que entran algunos padres cuando sienten que su hijo corre peligro. La importancia del accidente dependerá de la fuerza del impacto y su repercusión en el cerebro. A grandes trazos, los golpes en la cabeza se pueden dividir en dos tipos:
  • Los leves y sin pérdida de conciencia. En la mayoría de los casos, por espectacular que haya podido parecer el golpe, el niño se recupera sin problemas, como si nada hubiera ocurrido. En estos casos, no es necesario acudir al médico y basta con que una persona responsable observe la evolución del pequeño durante 24 horas para comprobar que su comportamiento es normal. Si hay síntomas pasados algunos minutos, como cansancio, palidez o llanto inconsolable, hay que estar alerta. Si, además, el niño tiene náuseas, vómitos o mareos, es imprescindible acudir al médico.
  • Los que implican un pérdida de conciencia breve. En estos casos, sí es necesario un reconocimiento médico. El especialista decidirá si es conveniente una radiografía de cráneo para detectar posibles fracturas o un TAC para descartar lesiones cerebrales.
¿Qué hacer en las horas posteriores?
No es infrecuente que los niños que se han dado un buen golpe en la cabeza experimenten síntomas como falta de ánimo, cansancio, inseguridad al andar, irritabilidad, pérdida de apetito, alteración en el ritmo de sueño, disminución del rendimiento escolar, cambios en su forma de jugar o falta de interés en los juguetes. Es el llamado síndrome post-concusión, que puede durar apenas unas horas o prolongarse hasta unas tres semanas después de un golpe de cierta intensidad. En estos casos, es necesario comprobar que no existan síntomas de una posible lesión cerebral y se hace imprescindible una revisión y seguimiento por parte del pediatra o el neurólogo infantil.

En la mayoría de casos, el diagnóstico en el hospital es que se trata de un traumatismo craneal de carácter leve. Aun así, es necesario realizar una vigilancia domiciliaria estrecha (incluso despertándole por la noche si lo indica el médico) durante las siguientes 24 horas. Es normal que el niño continúe un poco asustado, que no recuerde el momento del golpe, que tenga algún vómito esporádico o se queje de cefalea difusa en las horas siguientes, pero hay que acudir a urgencias si se detecta alguno de estos síntomas:
  • Dolor de cabeza o irritabilidad intensas y persistentes
  • Vómitos que persisten pasadas unas ocho horas
  • Alteración del equilibrio, de la forma de andar, de la visión, de la forma de hablar, etc
  • Movimientos extraños, incapacidad para moverse o pérdida de fuerza de manos o piernas
  • Sale sangre o un líquido claro por los orificios nasales o por los oídos
  • Si está desorientado, confuso, no conoce a los familiares próximos o no sabe dónde está

viernes, 14 de octubre de 2011

Curiosidad. El traumatismo craneal más famoso de la historia

En el siglo XIX se tenían pocos conocimientos sobre el cerebro y menos aún sobre cómo tratar las lesiones cerebrales. Las más graves conducían a la muerte por hemorragias e infecciones.

El paciente con traumatismo cerebral más famoso en la historia de la medicina quizás sea Phineas Gage. En 1848 Gage, de 25 años, trabajaba de capataz de la construcción para los Ferrocarriles Rutland y Burlington en Vermont. Se encontraba trabajando con pólvora explosiva y un compresor de arena, cuando una chispa desató una explosión que hizo que una puntiaguda, larga y gruesa varilla de hierro  se disparara y penetrara en la cabeza de Gage. La varilla de hierro penetró por la parte superior de su cráneo, traspasando su cerebro y saliendo por su sien. Increíblemente, Gage sobrevivió con la ayuda del médico John Harlow quien le dio tratamiento médico durante 73 días. Antes del accidente, Gage era un hombre de pocas palabras y buenos modales; posteriormente fue un hombre grosero, obstinado y egocéntrico. Siguió padeciendo de problemas de personalidad y conducta hasta su muerte en 1861. En la imagen pueden ver una reconstrucción en 3D de su accidente. Impresionante.

Por suerte, nuestros conocimientos médicos han mejorado pero cualquier traumatismo en una caja cerrada con una "central eléctrica" es temible. Ese es el motivo por el que los padres se preocupan por golpes de poca importancia.

El bloqueo "eléctrico" de BlackBerry muestra que estamos a merced, no de desastres naturales, sino de los fallos humanos y, a más electricidad necesaria, más personas afectadas.

domingo, 13 de febrero de 2011

Qué hacer cuando un niño se da un golpe en la cabeza

Traigo a colación este tema porque, por casualidad, en esta semana he recibido unas cinco llamadas sobre golpes en la cabeza por diversos motivos: caerse de la cama, tropezar y darse con el canto de una escalera, resbalar cayendo de espaldas, etc.y los padres llaman alarmados por el traumatismo craneal.

 Los niños pequeños no conocen el miedo. Su osadía y atrevimiento provoca caídas con frecuencia. En su afán explorador, se darán una cantidad enorme de golpes en cabeza mientras aprenden a girarse, arrastrarse, subirse, bajarse, andar o correr. Los traumatismos son más frecuentes en los niños que en los adultos debido a su peor equilibrio. Pese a la alarma que suelen provocar los golpes en la cabeza, en la inmensa mayoría de los casos, los chichones, rasguños y heridas se curan sin problemas. Debido a que la piel está bien irrigada una herida superficial puede sangrar de forma alarmante pero les fácil detener la hemorragia simplemente comprimiendo con una gasa.

El perfil más habitual del paciente que acude al servicio de urgencias pediátricas con un traumatismo craneal es un niño de entre uno y tres años que ha sufrido una caída de escasa altura o un golpe banal y que, aparte de la contusión de la piel y tejidos blandos, no presenta síntomas ni signos que hagan pensar en una lesión intracraneal.

Reaccionar con tranquilidad y rapidez; dos cualidades nulas en muchos padres, en lo adecuado.El susto suele ser normalmente peor que el golpe en sí, pero es imprescindible estar atento a determinados síntomas y a la evolución del niño en las 24 horas siguientes, ya que un golpe en la cabeza no está exento de riesgos o incluso de graves complicaciones, como hemorragias cerebrales. Lo principal ante un traumatismo craneal es reaccionar con rapidez y eficacia, evitando ese estado de bloqueo en que entran algunos padres cuando sienten que su hijo corre peligro.

La importancia del accidente dependerá de la fuerza del impacto y su repercusión en el cerebro. A grandes trazos, los golpes en la cabeza se pueden dividir en dos tipos:

  •  Los leves y sin pérdida de conciencia. En la mayoría de los casos, por espectacular que haya podido parecer el golpe, el niño se recupera sin problemas, como si nada hubiera ocurrido. En estos casos, no es necesario acudir al médico y basta con que una persona responsable observe la evolución del pequeño durante 24 horas para comprobar que su comportamiento es normal. Si hay síntomas pasados algunos minutos, como cansancio, palidez o llanto inconsolable, hay que estar alerta. Si, además, el niño tiene náuseas, vómitos o mareos, es imprescindible acudir al medico.
  • Los que implican un pérdida de conciencia breve. En estos casos, sí es necesario un reconocimiento médico. El especialista decidirá si es conveniente una radiografía de cráneo para detectar posibles fracturas o una TAC para descartar lesiones cerebrales.


Las horas posteriores son importantes. No es infrecuente que los niños que se han dado un buen golpe en la cabeza experimenten síntomas como falta de ánimo, cansancio, inseguridad al andar, irritabilidad, pérdida de apetito, alteración en el ritmo de sueño, disminución del rendimiento escolar, cambios en su forma de jugar o falta de interés en los juguetes. Es el llamado síndrome post-concusión, que puede durar apenas unas horas o prolongarse hasta unas tres semanas después de un golpe de cierta intensidad. En estos casos, es necesario comprobar que no existan síntomas de una posible lesión cerebral y se hace imprescindible una revisión y seguimiento por parte del pediatra o el neurólogo infantil. En la mayoría de casos,  se tratan de traumatismos craneales de carácter leve. Aun así, es necesario realizar una vigilancia domiciliaria estrecha (incluso despertándole por la noche si lo indica el médico) durante las siguientes 24 horas. Es normal que el niño continúe un poco asustado, que no recuerde el momento del golpe, que tenga algún vómito esporádico o se queje de cefalea difusa en las horas siguientes, pero hay que acudir a urgencias si se detecta alguno de estos síntomas:

  • Cefalea o irritabilidad intensas y persistentes
  • Vómitos persisten pasadas unas ocho horas
  • Alteración del equilibrio, de la forma de andar, de la visión, de la forma de hablar, etc
  • Movimientos extraños, incapacidad para moverse o pérdida de fuerza de manos o piernas
  •  Sale sangre o un líquido transparente (líquido cefalorraquídeo) por los orificios nasales o por los oídos
  • Si está desorientado, confuso, no conoce a los familiares próximos o no sabe dónde está.

martes, 30 de septiembre de 2008

Con la visón normal, póngale gafas...

Sabemos que el número de niños y jóvenes con lesiones cerebrales después de un traumatismo ha disminuido mucho desde la recomendación u obligación de llevar casco en la práctica del deporte. ¿Por qué no protegemos sus ojos? Las lesiones oculares más frecuentes son erosión corneal, inflamación del iris, hemorragias en la cámara anterior del ojo, cataratas traumáticas, lesiones de la retina y rotura del globo ocular. Eso sólo si hablamos del ojo porque hay el capítulo de las lesiones de la órbita.

Los deportistas entre 5 y 14 años tienen mucho más riesgo de padecer lesiones oculares ya que están en fase de aprendizaje y no dominan bien sus reflejos. Las actividades deportivas se han clasificado según su grado de lesión ocular en: bajo riesgo- ciclismo, esquí, natación y lucha; medio- rugby, fútbol, voleibol, tenis, badminton y waterpolo; alto-por usar "proyectiles", hockey, frontón, squash y béisbol. La lista es más larga y sólo pongo unos ejemplos.

Las gafas para deportes son especiales y por tanto es aconsejable acudir a una buena óptica. Han de cumplir la normas de la American National Standards Institute (ANSI) ANSI Z87.1: ser muy resistentes al impacto, fotocrómicas y que protejan de los rayos ultravioleta.
Nadie se sorprende ahora al ver ciclistas con casco o patinadores con protectores. De la misma forma nos acostumbraremos a ver en los jóvenes deportistas con gafas protectoras. Recuerden el slogan de hace años "Dos ojos para toda la vida"

domingo, 14 de octubre de 2007

Traumatismo craneal (golpe en la cabeza). ¿Que hacemos?

Ya es sabido que hay niños pequeños que son osados, atrevidos y que no temen a nada. Unos salvajes, vamos- No paran quietos, se pegan algunos porrazos de “órdago”y parecen resistir como "Panzers" de la Segunda Guerra mundial. La mayoría suele ser niños fornidos como los jugadores de rugby europeo con su barriguita cervecera. Como el rey Atila, la hierba ya no crece por donde han pasado sus pies.

En cualquier caso los traumatismos craneales son el pan de cada día en todo tipo de niños/as y para muestra un botón. Unos padres me llaman porque su hijo de ha dado un trastazo en la cabeza y otros ya van directamente a un servicio de urgencias pediátrico asustados por sus posibles consecuencias. ¿Cuando hay que preocuparse? La mayoría suele ser casi siempre banales pero no están exentos de riesgos o incluso de graves complicaciones como hemorragias cerebrales. ¿Nunca se han dado un susto por un accidente de este tipo con su hijo/a? Hay muchas recomendaciones para saber como actuar pero en el momento del golpe muchos padres “pierden el oremus” y se quedan como bloqueados. Hay que reconocer los síntomas de alerta y alarma de un traumatismo craneal para saber como actuar Si pulsan aquí encontrarán unas recientes recomendaciones del Departamento de Salud norteamericano. Como verán esta descrito en español bajo el término poco conocido por los papás de concusión.


Lo mejor, como siempre, es procurar estar alerta. Prevenir es mejor que curar.