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Me ha ocurrido, durante mis cortas vacaciones, algo similar a lo que relata con su singular simpatía, perspicacia y desparpajo, Quim Monzó en su artículo "Con el calor que hace".
En un hotel decente intentábamos dormir pero en la habitación contigua a la nuestra los gritos y los gemidos de sus vecinos no nos lo permitían. ¡Qué fogosidad!. Debe ser una situación habitual del verano, tanto en el hotel como en casa, en la que muchos fornican estrepitosamente sin pensar que los vecinos no pueden dormir.
Si en sitios cerrados y con una estructura más o menos sólida se llegan a oír esos desgarradores gritos ¿que debe ocurrir en los campings? Como imaginan, no he dormido en ninguno pero como todo el personal se anime una noche el follón debe ser del copón. ¿Como explican los padres a sus hijos las causas de los grito y gemidos? Hablando de gemidos cuando miro el tenis -muy pocas veces- quito el sonido de la tele porque el gemido de los contendientes masculinos me pone de los nervios pero el de las féminas me suena a un polvo a cámara lenta.






