
Durante estos meses previos se ha intensificado el "bombardeo" de "adelgace en.....", "esculpa su figura....". Bien, a mí ni me pueden esculpir ni me pueden adelgazar. Como buen
tragaldabas que soy
en broma digo que "soy como un
cerdito: me lo como todo". Y como me decía un ilustre pediatra, ya retirado, a la hora de comer: "Tengo tanta hambre que me da igual un caballo que un tranvía".
Entro en materia. Cierto que nos han bombardeado. Algunos somos inmunes pero los jóvenes y,especialmente las chicas, son especialmente sensibles a su imagen. He tenido la oportunidad por mi trabajo de ver a cientos, no exagero, de chicas con anorexia nerviosa. Este trastorno mental, según mi criterio, está variando y hay muchas "casi
anoréxicas". Es decir, están rozando la raya. Que no pasen al otro lado es nuestro trabajo y esfuerzo.
Primavera y verano son las épocas más propicias para desencadenar el cambio en los hábitos alimentarios. Rebajas en Zara,
bikinis que no entran,
michelines que se salen, "pistoleras", barrigas sobresalientes....Eso es verdad pero lo importante es la percepción de la chica de su cuerpo. Junto con otros médicos hemos desarrollado un
test especial, con el que se ha hecho una tesis doctoral y ya es conocido en muchos lugares. A los padres y a los no expertos les parece
increíble que una chica imponente, por su belleza y su esbelto cuerpo, refleje en el
test que se ve como un monstruo.
A partir de un
desencadenante, el camino que recorre la anorexia es muy similar al drogadicto. Mi experiencia de años, no la evidencia científica, hace que cuando los padres me
preguntan que pasará o que
ocurrirá con su hija yo les pongo el símil de la adicción. Primero, prueban. Más adelante, repiten. Seguidamente, se hace habitual y,
finalmente hay una obsesión. En un caso será hacer dieta y en el otro el consumo. Una persona con una fijación extrema no es capaz de razonar respecto al problema que le
atañe. Por eso, la convivencia, el tratamiento médico y la curación requieren un largo periodo de tiempo con unos altibajos parecidos a las montañas rusas. Los padres llegan a la desesperación.

Admiro profundamente a los psiquiatras. Trata con un enfermo mental es muy duro. Convivir con uno de ellos, y de eso también tengo experiencia, es desolador. Hay muy poca atención médica pública a las enfermedades mentales. El enfermo mental puede parecer, en ocasiones, "un apestado". Las
anoréxicas están dentro de la
élite de los pacientes con problemas mentales. Hay muchas unidades especializadas. Los adictos están más marginados, rechazados. Sin embargo en Barcelona tenemos unos centros, aunque algunos son privados, que son excelentes.
Vigilen el cambio en los hábitos alimentarios de su hija y, espacialmente, si se acompaña de cambio de carácter. Son signos de alerta de la tormenta que se avecina.