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lunes, 5 de mayo de 2008

Ensalada de disparos en urgencias infantiles

Recibo una llamada telefónica. Un paciente ha iniciado "tos de perro" y ligera afonía. Lo oigo por el teléfono y mi diagnóstico en laringotraqueitis. Como es menor de un año le digo a la mamá que le dé un "chorrito de cortisona" con la condición de ir a un servicio de si parece empeorar. Parece empeorar y acuden a urgencias. El pediatra de guardia, con buen criterio le da Ventolin (R) medicación convertida en todo un clásico, que se administra por vía inhalatoria. Al día siguiente, la mamá me llama para verlo: le han recomendado seguir con mi "chorrito de cortisona" y "dos disparos" de Ventolín cada X horas. ¿Disparos? "Sí, sí disparos"

La explicación es simple. En España solemos recomendar dar X "puffs", "manchadas" , "aplicaciones" o "pulsaciones" de esta medicación. El pediatra en cuestión era sudamericano. En el informe de urgencias leí, claramente, "efectuar dos disparos cada X horas".

Me imagino nuestro servicio de urgencias en pleno invierno - con más de 375 visitas/día- y la epidemia de niños ahogándose por el maldito VRS y las enfermeras "disparando a troche y moche" para salvarles la vida.

sábado, 26 de enero de 2008

"Usté no le da cortisona a mi niño, porque me lo mata"

El estadounidense Philip Showalter Hench, premio Nobel de Medicina en 1950, fue el descubridor de la cortisona. A la derecha, les muestro su foto; tenía un aspecto majete.

La cortisona, como medicamento, se emplea para tratar múltiples trastornos. Puede tanto curar como matar, aunque eso ocurre con la mayoría de los productos. Estamos pasando por una época de bronquiolitis, bronquitis, crisis asmáticas y problemas respiratorios. Los padres temen a la cortisona y, algunos, se niegan a utilizar este potente recurso terapéutico. En el niño suele emplearse con más frecuencia en problemas agudos por su gran poder antiinflamatorio. Los endocrinólogos infantiles la utilizan en enfermedades que tienen un descenso de corticoides como la enfermedad de Addison.

En ocasiones, por distintos estímulos, algunas células de nuestro cuerpo liberan unas sustancias que provocan inflamación excesiva en cualquier parte del organismo. Los corticoides frenan la liberación de estas sustancias y las reducen de forma muy efectiva. Especialmente, en esta época del año, con tanta laringitis, crisis de asma o empeoramiento de la lesiones atópicas. Los corticoides se pueden administrar por todas las vías: inyección, comprimidos, gotas, pomadas y sprays para inhalar.

Como todo medicamento, si está bien administrado, no tiene ningún peligro. Una mala administración o dosificación tiene muchos efectos secundarios. No se recomienda la administración prolongada a niños, ya que retrasan el crecimiento óseo y los hacen más susceptibles a las infecciones, de manera que infecciones banales en niños normales pueden llegar a ser peligrosas e incluso fatales debido a la inmunosupresión inducida por los corticoides.

Confíe en su pediatra si le da cortisona a su hijo y no dude en preguntarle cualquier duda que tenga. Al niño que menciono en el título de este post no lo maté; se puso perfecto. Incluso ahora tengo que frenar al padre porque, si el pequeño presenta síntomas parecidos, me dice: "Qué, doctor, ¿le echo un chorrito de cortisona?"