Recibo una llamada telefónica. Un paciente ha iniciado "tos de perro" y ligera afonía. Lo oigo por el teléfono y mi diagnóstico en laringotraqueitis. Como es menor de un año le digo a la mamá que le dé un "chorrito de cortisona" con la condición de ir a un servicio de si parece empeorar. Parece empeorar y acuden a urgencias. El pediatra de guardia, con buen criterio le da Ventolin (R) medicación convertida en todo un clásico, que se administra por vía inhalatoria. Al día siguiente, la mamá me llama para verlo: le han recomendado seguir con mi "chorrito de cortisona" y "dos disparos" de Ventolín cada X horas. ¿Disparos? "Sí, sí disparos"La explicación es simple. En España solemos recomendar dar X "puffs", "manchadas" , "aplicaciones" o "pulsaciones" de esta medicación. El pediatra en cuestión era sudamericano. En el informe de urgencias leí, claramente, "efectuar dos disparos cada X horas".
Me imagino nuestro servicio de urgencias en pleno invierno - con más de 375 visitas/día- y la epidemia de niños ahogándose por el maldito VRS y las enfermeras "disparando a troche y moche" para salvarles la vida.
