Mostrando entradas con la etiqueta Millet. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Millet. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La importancia de llamarse Ernesto

Aunque en español siempre se ha preferido el título "La importancia de llamarse Ernesto", lo cierto es que la obra se titula "The importance of being earnest", que debe traducirse, literalmente, como "La importancia de ser formal", pero su título suena igual en inglés que si se escribiera "The importance of being Ernest" y Oscar Wilde hace un juego de palabras y pronunciación. Es una divertida comedia que muestra la necesidad de mantener una doble vida: es necesario llamarnos Millet, Alavedra, Prenafeta, de la Rosa y un largo etcétera siendo formales y correctos conforme a lo que se espera de nosotros, pero también, en ocasiones, es necesario llamarse "Luigi" o el "Bigotes" para poder sobrevivir (en el caso de la novela) o hacerse millonario en nuestro caso, con una segunda vida en la que surge nuestro lado oscuro, el deseo, la transgresión.

Hace poco tiempo llamarse Millet, Alavedra, Prenafeta, de la Rosa era una posibilidad de hacerse notar tanto para los parientes como para los que no lo eran pero con el mismo apellido porque la gente debía pensar en su posible parentesco con gente respetada y adinerada. Decir: "soy un millet o un alavedra o un de la rosa" les daba más "imagen". Ahora han de repetir machaconamente que no tienen nada que ver con esos "ejemplares". Por la red está circulando a la velocidad del rayo la breve biografía de una mujer que muestra una capacidad de trabajo encomiable; si desarrolla tanta actividad por su propios méritos ¡chapeau! y si no es así...

Yo pienso en su pobres hijos o nietos inocentes y su posible calvario escolar: "tu padre o tu abuelo es un ladrón", "¿has visto la cárcel como es?" Debe ser un acoso verdadero contra el que no tienen respuesta.

PS. Al decir De la Rosa no me refería al corredor de Fórmula 1 (Pedro Martínez de la Rosa) al que no tengo el gusto de conocer, pero sí a sus estupendos suegros. Él puede proclamar su apellido con orgullo. Enseñen a sus hijos la trayectoria de este deportista y no la del otro que va de juzgado en juzgado como una peonza.