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domingo, 29 de agosto de 2010

Cosas veredes, amigo Sancho, que faran fablar las piedras


Se acabó. Hoy salgo del zulo hacia el "ORA ET LABORA. (Expr. lat.) Reza y trabaja, máxima cristiana de la orden monástica benedictina". Lo de orar no es lo mío y no conozco la obra de filósofo recientemente fallecido Raimon Panikkar, persona con una increíble biografía personal y una espiritualidad mezcla de cristianismo, hinduismo y budismo y con la clarividente visión de que "ninguna religión puede monopolizar la verdad sobre Dios" -totalmente de acuerdo con él. Me gustaría comprender la religión católica, vivida desde mi infancia, pero cada vez más me siento alejado de ella.

En cuanto al labora es lo que me tocará hacer muy pronto; mañana. Me gustará recordar esta semana pasada en el zulo en donde he tenido el cuenta lo que le dijo Don Quijote a Sancho Panza: "Come poco y cena menos, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago".Y a fe que lo he cumplido pero he descubierto a un genio, un versado cocinero que, además, es sobrino de una neuróloga de mi hospital. Curiosidades de la vida. Es el chef del Restaurante Andria y ha tenido la consideración de no darme el postre que estaba en la carta sino de prepararme especialmente nata recién montada. ¡Aaaahhhhhh! que placer. El otro día me confesé del pecado de gula pero en mi vida había conseguido tomar nata de la buena ¡cada día!. Ayer ya fue la repera porque pedí un solo plato (carrillera) y de postre una sopera entera de nata. Mi sangre se debió volver blanca como la nieve durante un rato pero me sentó de maravilla.

En el Ora et Labora se me acabó el silencio, el reposo y la nata. Debemos trabajar para levantar el país..

martes, 24 de agosto de 2010

Yo confieso (los tazones de nata)


El título de esta entrada se refiere al de una famosa película dirigida por Sir Alfred Hitchcock y protagonizada por Montgogomery Clift - actor del que estuvo perdidamente enamorada Elisabeth Taylor pero no le correspondió porque era homosexual- y Anne Baxter, relacionado con lo que voy a comentar:  he cometido un pecado de gula.


Antes de llegar al lugar en el que estoy recluido lejos del mundanal ruido sabía que pasaba por delante de un establecimiento donde se toma la mejor nata del mundo. Como saben, mi esposa me obligó a un internamiento forzado en un establecimiento "ad hoc"para perder mi barriga cervecera y unos 13 kilillos de nada. Tras la vuelta de ese infierno he cumplido lo que me mandó la nutricionista y, durante meses, he cumplido con sus indicaciones al pie de la letra.

Ayer tuve la humorada de explicarles como han de comer los niños pero lo que no saben es el pecado previo que cometí. Como he comentado, ante la perspectiva de saborear nata auténtica, veinticuatro horas antes me concentré en el ayuno y no comí casi nada: soñé día y noche con lo que iba a comerme. Al llegar al lugar de los hechos, estaba abarrotado, no habían mesas y estaba desfallecido. La amable regidora del establecimiento me encontró una enseguida y después de una butifarrita con judías blancas me tomé dos montañas de nata con azúcar que engrasaron mi cuerpo y mi alma. ¡Cómo disfruté! ¡Cómo transgredí la dieta con premeditación y alevosía! Lo volvería a repetir y sueño con hacerlo, si puedo, a la vuelta.

Muchos de ustedes y, menos todavía sus hijos, no saben ni podrán saber lo que es nata "de la buena, auténtica". La que venden en los supermercados y restaurantes es un spray maligno, deleznable y asqueroso. Yo confieso, he cometido pecado de gula, pero me ha sentado de maravilla y...volveré a pecar si puedo.