Érase una vez una familia muy simpática. A la consulta han venido y vienen juntos la mamá con las niñas y la abuela. Supereducadas y divertidas. Hace poco nos vimos de nuevo y como siempre fue una visita entretenida y agradable. Al estar sentado en la camilla explorando a una de ellas oigo una exclamación unámime. ¡Horror!, encima de uno de los sillones para sentarse los padres había millones de bolitas de caramelos de colorines. La abuela estaba con cara de espanto con una bolsa de plástico en la mano llena de medio millón de caramelos. O sea, resumiendo la escena, una de las niñas estaba sentada, detras suyo los millones de caramelos esparcidos por el sillón y algunos por el suelo, la abuela atónita con la bolsa medio vacía de caramelos apurada diciendo: "vamos niña, vamos a recogerlos rápido". Ni con una excavadora los hubieramos podido retirar y con un aspirador Dyson se hubiera embozado. Así que, por falta de medios, se afanaron en recoger los caramelos a puñados metiéndolos en la bolsa. Cuando ya estaban recogidos, con cara de pícaro, le solté con sorna. "Vaya con la abuela, comprando toneladas de chuches a las nietas..", "No, no, doctor, me cortó muy seria, son mias, me gustan mucho estas chuches". jueves, 17 de marzo de 2011
El desastre de las bolitas
Érase una vez una familia muy simpática. A la consulta han venido y vienen juntos la mamá con las niñas y la abuela. Supereducadas y divertidas. Hace poco nos vimos de nuevo y como siempre fue una visita entretenida y agradable. Al estar sentado en la camilla explorando a una de ellas oigo una exclamación unámime. ¡Horror!, encima de uno de los sillones para sentarse los padres había millones de bolitas de caramelos de colorines. La abuela estaba con cara de espanto con una bolsa de plástico en la mano llena de medio millón de caramelos. O sea, resumiendo la escena, una de las niñas estaba sentada, detras suyo los millones de caramelos esparcidos por el sillón y algunos por el suelo, la abuela atónita con la bolsa medio vacía de caramelos apurada diciendo: "vamos niña, vamos a recogerlos rápido". Ni con una excavadora los hubieramos podido retirar y con un aspirador Dyson se hubiera embozado. Así que, por falta de medios, se afanaron en recoger los caramelos a puñados metiéndolos en la bolsa. Cuando ya estaban recogidos, con cara de pícaro, le solté con sorna. "Vaya con la abuela, comprando toneladas de chuches a las nietas..", "No, no, doctor, me cortó muy seria, son mias, me gustan mucho estas chuches". jueves, 26 de abril de 2007
Crisis de angustia (¿ira?) e hipertensión por galletas, magdalenas, chocolate, palitos, y juguetes duros
¿Se trata de una nueva enfermedad?. ¿Qué combinación más curiosa, pensarán ustedes? Pues no es una enfermedad y ocurre con mucha frecuencia. Verán, hay muchos padres con mucha pachorra. Nada les inmuta. Parecen pertenecer a movimientos pacifistas. Y consienten todo lo que les pide el nene; quiere una chuche, pues una chuche; quiere un juguete, pues un juguete; quiere el periódico, pues el periódico para que nene lo destroce antes de que lo lea el papá. Así, hasta el infinito.
Esto no me preocupa. En casa los papás tienen derecho a hacer lo que quieran con el comportamiento del nene. Pero en mi consulta, me ponen malo. Pero malo, malo de verdad. ¿Porqué? pensarán ustedes. Pues porque hacen lo mismo que en su casa. Los traen con galletas, magdalenas, palitos de pan, dulces de chocolate pringosos, bebidas de tetra brik, etc. Pero no es solo eso. Además vienen con su juguetito metálico preferido. Hasta aquí todo correcto pero cuando entran en la consulta la combinación papás-nene es de lo más explosiva.
Los papás le dan al nene antes o después de la exploración las galletas, las magdalenas o los palitos. Inmediatamente después el suelo de mi consulta está lleno de migas minúsculas o mi mesa pringada de chocolate. Si es antes de la exploración no les puedo mirar la boca porque es un amasijo de saliva con harina. Otros, después de la exploración muchos papis sacan la bolsa “de alimentos” y se los dan. El nene “torpe como el solo“ abre la bolsa y su contenido se desparrama cual siembra en un campo. Me gustaría que, como mucho, estuviera como este renacuajo.
La cosa no queda aquí. Los papis, comprensivos ellos, dicen “mire, mire lo que hace doctor, es más travieso….” . Y al final de la visita se van tan contentos con todo mi despacho hecho una cuadra.
Más, para cambiarle los pañales ¡lo sientan con el culo al aire encima de mi mesa de despacho! así, a pelo. Menos mal que no suelen orinar o defecar en ese momento.
Y lo último, lo que pone mi coronaria casi con una angina de pecho. El nene, entre 10 y 18 meses, sentado en el regazo amoroso de uno de los papás empieza a mamporrear mi mesa de despacho con un juguete metálico como si fuera la tuneladora del AVE. Yo que sé lo que me costó esa mesa, no tengo más remedio que son sonreír (¿) y exclamar: “¡como se divierte el nene ¿eh?!. Pero los padres, obtusos, no lo captan. El niño sigue picando cual minero a ver si sale petróleo. Mi corazón está a punto de estallar, no por el niño-al fin y al cabo hace lo correcto para su edad-, sino por unos papaitos que me gustaría que me invitaran a su casa y me llevaría un cochecito metálico para ir mamporreando todos los muebles de su casa.
Moraleja: si va a la consulta de Santi no lleve provisiones, bebidas ni objetos contundentes. En
miércoles, 18 de abril de 2007
El valor de una hucha
¿Ustedes dan o dejan tomar a su hijo/a productos con “calorías vacías”? ¿Limitan cuando los pueden comer y cuando no? Las calorías vacías – engordan pero no nutren- están en todo tipo de chuches, gominolas, caramelos, huevos de chocolate y mil potingues de venta exclusiva para niños. Hasta hay tiendas monográficas para toda variedad de chucherías y derivados, nacionales, de importación, formas especiales, colores llamativos, presentación atractiva….¿quién el guapo que le dice no lo tome si se le acaban de regalar un Sugus® en una tienda o en una consulta?.Yo les propongo una solución infalible, la única desventaja es que es más efectiva cuanto más pequeño es el niño. Como siempre se ha de marcar primero la norma y se hará haciendo los siguientes pasos:
- Al niño se de dice que se le comprará una hucha para las chuches. Así, las podrá guardar en cualquier lugar a la vista pero no accesible.
- Se va una tienda y se le compra un bote o copa vidrio transparente para que las pueda ver.
- Al ir de compras con los papás, si le dan una chuche, exclamar: ¡Qué bien ya tenemos otra para la hucha!. Todas las chuches, caramelos o porquerías de azúcar que recoja se guardan y al llegar a casa se ponen en la hucha.
- Durante la semana no se puede tomar ninguna chuche. Los padres tampoco vamos cada día a la pastelería cada día ¿verdad?.
- Los fines de semana y festivos puede escoger un par o tres de la hucha para después de comer o cenar. Y, ¡hasta la semana siguiente!
Otro beneficio añadido a esta técnica es la oportunidad de tener “ases en la recámara” para casos especiales. En ocasiones difíciles se pueden dar extra como privilegio por una buena conducta o calmar una situación dolorosa.
En fin, la enseñanza principal es que un niño/a no ha de comer fuera de horas. Si se toma un par de caramelos antes de las comidas perderá el hambre (no comerá o no cenará).