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jueves, 24 de marzo de 2011

Han degollado a mi caballito

Los japoneses nos han dado ejemplos magníficos de comportamiento ante unas catástrofes terroríficas juntas: terremoto, tsunami y radiación nuclear. Uno de ellos me ha llamado la atención. La capacidad mantener la calma, el orden y el respeto sin hacerse el listo o “pardillo” como hacemos en España. Y no estoy hablando, en nuestro país, de gente sin formación sino de gente educada, o se presupone, a la hora de ponerse en la fila para una acción concreta.

Los japoneses han sido capaces de mantener filas kilométricas para obtener alimentos sin que nadie se saltara el turno por que el de” delante es mi amigo" o “me guardan el turno” sabiendo que, quizás, no habría para todos. En muchos lugares, incluido mi hospital, es habitual que en la cola, antes de llegar a recoger la comida, ya se hayan te hayan pasado varias personas por delante con las excusas “elegantes” antes mencionadas. En otros lugares, las familias se van repartiendo en diversas colas y se agrupan cuando uno de ellos llega el primero.

Doctor, lo que cuenta no tiene nada que ver con el título de la entrada. Es cierto, pero sí con la foto que les muestro. Un caballo precioso de madera, decorativo, comprado en una feria de un pueblo fue literalmente decapitado por un niño consentido que se subió en él, en presencia y consentimiento de sus padres. Tras la decapitación no pidieron ni disculpas ni si podían colaborar en la reparación. Como respuesta comentaron: “se ha desencolado la cabeza” sin ser cierto.

Un reciente libro del Dr. Paulino Castells lleva por título: "Tenemos que educar” y, es así, pero me da la impresión de que con la crisis económica el nivel educativo bajará y nuestros descendientes tendrán un período desagradable de convivencia y de malestar entre ellos. No estamos educados para la adversidad.

martes, 25 de noviembre de 2008

El caballo de Miguel. Historias extraordinarias del Hospital Sant Joan de Déu

Hace un tiempo des conté la historia del Caballo Azul; el "otro" hospital" basado en lo que iba a salir después. Yo ya sabía que se estaba gestando un libro escrito por Tina Parayre que acaba de ser publicado bajo el título "El caballo de Miguel. Historias extraordinarias del Hospital de San Joan de Déu". Ha saido con fuerza, con brío, llamando la atención a mucha gente y grandes periodistas como Màrius Carol, vecino de mi calle, aunque él no me conoce. Este libro es diferente.

Pero aparte de recomendarles que lean el libro yo quiero hablarles de Lady Tina. Es la jefa de los voluntarios que van al Hospital. Muchas mañanas me tomo un cortadito con ella y Lady Eugenia Carpenter. Las dos son bellísimas personas y admiro su fe en Dios y en la Iglesia. Yo fui a un colegio religioso pero nunca he creído que la Iglesia Católica sea "la verdadera". Todas son verdaderas y falsas. Lo cierto es que los jesuitas no lograron convencerme. En nombre de las religiones se han hecho y se hacen muchas barbaridades. Me gustaría conocer el budismo pero la falta de tiempo me impide profundizar en él.

Al decir todo lo anterior no me siento nada incómodo con ellas; ni ellas conmigo tampoco. Creo que nos apreciamos después de tantos años de trabajar juntos y, es más, día a día sigo admirando su fe religiosa sin que hayan logrado "darme la fe que ellas tienen".

Estoy contento. En La Vanguardia salió ayer toda una plana dedicada a ella y a los voluntarios. Por lo menos sirve de de homenaje a todas esas personas anónimas que dedican parte de sus vidas a mitigar el dolor de los demás. Y eso sólo lo pueden hacer los "elegidos", los demás somos caminantes sin camino en busca de una felicidad que no llegará nunca.

martes, 9 de septiembre de 2008

EL CABALLO AZUL; el "otro" hospital

No podré contar esta historia de una forma tan preciosa como la explicó Lady Tina, mujer extraordinaria y coordinadora de los voluntarios que vienen al Hospital. En alguna ocasión le dedicaré en este blog un espacio sólo para ella. El otro día, tomando un café, me explicó la historia de El caballo azul. Con este argumento como punto de partida se está a punto de publicar un libro que, sin duda, será muy aleccionador.

"Un día se presentaron en su despacho un papá y su hijo pequeño que abrazaba con fuerza un caballito azul como si se tratase de un tesoro. El motivo de su visita era entregarle el caballo para que Lady Tina pudiera dárselo a otro niño que estuviera enfermito como lo había estado él; se había curado de un cáncer. El niño, con los ojos húmedos, entregó el caballo como si se desprendiera de lo más querido de su vida . Lady Tina les dio las gracias con todo el amor que ella sabe dar.

El caballo se quedó en una estantería de su despacho durante bastante tiempo. Y casi llegó a olvidarlo. Un día entró una madre atribulada porque su hijo se estaba muriendo de un cáncer y deseaba tener un caballito. Lady Tina y los voluntarios se pusieron a buscar un caballito pero no lo encontraban. De pronto sus ojos se posaron sobre el caballo azul y se lo entregó a la mamá que se lo llevó muy ilusionada.

Uno o dos días después Lady Tina fue a ver al niño. Estaba en coma, moribundo pero sus brazos agarraban con fuerza al caballo. Al cabo de pocos días, el caballo azul volvía a estar en la estantería."

El niño que trajo el caballo azul, curado del cáncer, jamás sabrá lo feliz que fue otro mientras moría de la misma enfermedad.