Menudo pitote se está armando en la comunidad médica, especialmente la pediátrica, con el "invento" de la familia Buettner.A estos padres de tres niños se les ocurrió crear este producto «para esos casos en que un niño necesita algo más que un beso para encontrarse mejor» sabiendo que «no hace absolutamente nada. Es el milagroso poder de la mente quien logra todo». Si lo lee al revés, verá que no es más que un placebo: una pastilla de azúcar con sabor a frambuesa en un envase parecido a un medicamento.
Recién comercializado en EEUU desde hace un mes ahora lo hará en Inglaterra. Los listos Buettner han conseguido que se venda sin receta en parafarmacias, supermercados e Internet. La FDA (la agencia del medicamento americana) no ha podido intervenir ya que se ha clasificado como producto alimentario. Por esta maravilla la gente está dispuesta a pagar unos cuatro euros por un envase de 50 pastillas masticables. Dentro de poco saldrá con otros sabores y en jarabe.
La polémica a ha surgido por problemas éticos al fomentar el "engaño" al niño medicalizando cada vez más nuestras vidas. Según los expertos en ética, los problemas pueden ser numerosos: pérdida de confianza de los hijos en sus progenitores, dar el mensaje subliminal de que van a recibir pastillas ante cualquier dolor o problema, impedir que el niño desarrolle sus propios mecanismos de aprendizaje para enfrentarse a nuevos problemas, el posible retraso en acudir al pediatra cuando se trate de algo importante o convertir el cariño en una medicina. Pero al airear tanto esta discusión no hacen más que hacer propaganda a Obecalp.
¿Qué es el efecto placebo? El fenómeno por el cual los síntomas de un paciente pueden mejorar con un tratamiento ficticio, aparentemente porque el enfermo cree que funciona. En medicina, suele tener utilidad para diagnosticar ciertos procesos psíquicos o psicosomáticos. El uso de sustancias sin actividad terapéutica real es frecuente en la investigación clínica de medicamentos. Se utilizan de forma controlada en los ensayos con el fin de evaluar la eficacia de los fármacos. A pesar de su falsedad, el potencial terapéutico de estos remedios es un hecho conocido. Dos investigaciones recientes en niños con hiperactividad y con migraña demuestran que pueden resultar casi tan efectivos como los fármacos convencionales.
Muchos médicos usan el efecto placebo de la receta aun a sabiendas de que el paciente no lo necesita. Muchos pediatras se ven obligados ante el acoso o agobio de los padres algunos medicamentos solo para que no les mareen más como vitaminas, "abreapetitos" o gotas para el "cólico".
En España no tendrá éxito esta chorrada americana. Aquí la gente ya compra medicamentos homeopáticos directamente en la farmacia sin pasar por el médico y, en el fondo, es lo mismo efecto placebo. Los laboratorios homeopáticos se están forrando pero desacreditan a los auténticos médicos homeópatas -por los que tengo mucho respeto- ya que encauzan la venta de sus productos hacia un síntoma determinado. Como no entran por la seguridad social el negocio es redondo. ¿Les suena Colikind, por ejemplo?
En nuestro hospital recomendamos una técnica de relajación -creo que cosecha propia- para muchos problemas y "dolores" del niño y funciona. Gratis.