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martes, 12 de julio de 2011

"No hay nada más tonto que un test de inteligencia"

En parte estoy de acuerdo con esta afirmación hecha por Pablo Rudomin, neurólogo; premio Príncipe de Asturias en un diario catalán. En ella explica algunas de sus vicisitudes mientras estaba en el colegio que me recuerdan vivamente a las mías. Transcribo el inicio de la entrevista: "Yo era un desastre social en el colegio. Sufría eso que hoy llaman bullying. Lo que me dolía más es que me rechazaran para jugar a fútbol. Los capitanes de cada equipo se repartían a los jugadores y a mí no me quería nadie". Si quieren leer el resto de la entrevista pulsen aquí. También afirma lo siguiente: "Y no hay nada más tonto que un test de inteligencia, porque, aunque consiguiera medir la cantidad, ignora la especificidad."

Como ustedes ya saben yo fui a lo que entonces era un colegio de élite, San Ignacio -los Jesuitas de Sarriá- el de los más "pijos" de Barcelona. No me arrepiento pero también pasé malos momentos, muy malos. Como colegio elitista el bulliyng era habitual (yo lo sufrí suavemente en mis carnes) -como siempre ha sido y será así aunque no lo queramos- y, aunque no tengo pruebas directas, algo relacionado con lo "intimo" estaba soterrado. Algún "cura fue enviado" a otras latitudes por motivos oscuros.

También les he contado que repetí curso por "tonto" -padezco discalculia- y mal estudiante pero como pueden ver he logrado superar esas adversidades y otras muchas terribles -mis íntimos saben de lo que hablo. Por cierto, cuando llegue el final de este blog les explicaré el secreto mejor guardado de mi vida estudiantil. Se quedarán pasmados: emoción hasta el último día.

viernes, 21 de enero de 2011

La Iglesia ¿está de rebajas?

Según los medios de comunicación el Papa Benedicto XVI el purgatorio no es un lugar del espacio, del universo, "sino un fuego interior, que purifica el alma del pecado".Yo, les confieso que no lo entiendo mucho. Además, reivindica el infierno y entierra el limbo. El temido limbo, localizado entre el cielo y el infierno según una tradición católica surgida en la Edad Media, ya ha desaparecido. El problema es que, una vez abolido ese lugar sin gloria ni tormento, ¿a dónde se supone que van los niños muertos sin bautizar? Una Comisión Teológica Internacional, que reflexiona sobre este enigma desde ayer en el Vaticano, los quiere enviar directamente al paraíso gracias a "la infinita misericordia de Dios". Todo lo que´me enseñaron en los Jesuitas de Sarriá se va desmoronando. Ahora no sé si estoy cometiendo un pecado mortal o venial escribiendo esto y no sé, de veras, si todavía existen las diferencias que aprendí en el colegio:

Pecado Mortal:
La violación de cualquiera de los Diez Mandamientos de la Ley de Dios y de la Iglesia en materia grave con plena advertencia y pleno conocimiento. Mata la gracia santificante y destruye la amistad con Dios.
Su consecuencia es la Culpa y la Pena. La Culpa la perdona el sacerdote. La Pena la perdona Dios Jesucristo o las indulgencias.

Pecado Venial:
Pecado menor sin las agravantes del mortal o por no haber sido cometido deliberadamente. No destruye la amistad con Dios y el alma no pierde la gracia santificante.

El pecado venial se perdona por cualquiera de lo siguiente:
  • Participar en la Misa con devoción
  • Comulgar dignamente
  • Oír la palabra de Dios
  • Bendición episcopal
  • Rezar el Padrenuestro
  • Confesión general
  • Agua bendita
  • Pan bendito
  • Golpe de pecho con remordimiento de conciencia
  • Hacer todo con sincera devoción
Oséase, que sólo quedan el cielo y el infierno. Espero que éste lo retiren pronto porque les puedo asegurar que cuando hacía Ejercicios Espirituales me aterrorizaron con aquello de que si tenías un pecado mortal en el último segundo de tu vida te ibas al "fuego eterno" y, francamente, no me apetece nada.

sábado, 20 de marzo de 2010

Los 10 mandamientos

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
3. Santificarás las fiestas.
4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
5. No matarás.
6. No cometerás actos impuros.
7. No robarás.
8. No dirás falso testimonio ni mentirás.
9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10. No codiciarás los bienes ajenos.

Durante todo mi bachillerato hasta el preuniveritario fui a un colegio religioso católico (reconocible en el libro "La sombra del viento" de Zafón) en el que me saturaron a oír misas y rezar rosarios. Casi ya lo había olvidado pero después de acudir a una clase de introducción al yoga, donde no existe el pecado, no sé porqué me vino a la memoria lo que tantas veces me habían hecho recitar en el cole: los 10 mandamientos.

Al repasarlos uno se sorprende porque parecen un relato del mundo actual en unos por exceso y en otros por defecto. Yo deseo un estado laico pero ¿porqué los politicos cada vez tienen peor imagen?, ¿los demás estamos mucho "fuera de juego"?

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Me sumo a una propuesta en los coles: uniforme, nota de conducta y cabeza descubierta

Según he leído, para luchar contra el acoso escolar, que en Italia se ha convertido en un problema serio en los centros escolares, recuperarán varios unos métodos antiguos que en su época dieron buenos resultados, la nota en conducta y llevar uniforme. «El comportamiento tiene que formar parte de la valoración global del estudiante», afirman. Además, están previstas sanciones de alejamiento del centro escolar por un mínimo de 15 días, o hasta el final del curso, con la exclusión de participar en los exámenes para los alumnos “con comportamientos de violencia privada, amenazas, golpes, injurias, delitos de naturaleza sexual, incendio o inundación”. El uso de uniforme podrá ser obligatorio en los centros cuyos directores lo consideren necesario.


Yo iba al colegio de los jesuitas de Sarriá, San Ignacio, uno de los más elitistas y pijos de la época pero a pesar de todo la disciplina era férrea, íbamos con uniforme, llamábamos de usted al profesor, íbamos en fila y nos ponían notas sobre conducta y aplicación. Actualmente en España los uniformes son signo de colegio privado o exclusivo, cosa que no sucede en otros países. Sus defensores, mayoritariamente padres, dicen que aumenta la disciplina y el rendimiento.

Ya en 1996 el Departamento de Educación de EEUU publicó un manual sobre los uniformes escolares. Son unas recomendaciones que intentan resolver, entre otros derechos, que no violen el derecho de expresión recogido por su constitución. Aquí pueden ver la justificación del uniforme en aquella época. Yo creo que los uniformes se pueden hacer bonitos o agradables. Si la escuela ordena que las cabezas deben ir descubiertas, yo no dejaría entrar una gorra o pañuelo ni tampoco un simbolo religioso.

No todo el mundo está de acuerdo en introducir los uniformes ya que creen que sólo sirven para ocultar los problemas sociales y educativos. Además, algunos se negarían a que su hijo fuera “del montón” uniformado, cual soldado, anulando su identidad. Otros protestarían porque dicen que deberían estar subvencionados.

A mí me parece una buena medida. No hay nada en que todo el mundo esté de acuerdo – sólo faltaría- pero cuando recuerdo al hijo del Capitán General de Catalunya -¡en pie, fuera gorros!- llegando con el chófer y luego sentado a mi lado, con un uniforme igual al mío, como cualquier hijo de vecino, creo que era ejemplar. Yo no quedé traumatizato por esa experiencia.Vale la pena que lean —si tienen tiempo— unas recomendaciones del protocolo. Sirven para todo

domingo, 2 de marzo de 2008

¡Ayer estuve en una boda completa!

Sí, sí. No se lo van a creer. Ya saben que desde hace tiempo decidí aplicar el "método Hannover" a las bodas que me invitaban. Lo repito para los que no leyeron el post. Es un método muy sencillo: se trata de ir directamente al yantar sin pasar por la Iglesia como el mencionado marido de la princesa Carolina de Mónaco. En su caso, la causa de que no asisitiera se debió a una indigestión producida por hectolitros de líquidos espirituosos que lo dejaron KO durante unas horas. Se saltó la ceremonia pero acudió a la comilona de rigor. Y eso que lo tenía fácil porque tiene chófer -uno de mis deseos imposibles-.

A la boda de ayer acudí con sumo gusto. Se casaba la segunda hija, y última, de una de mis Cármenes. He sido su pediatra hasta ahora y en muchas ocasiones me llamaba "tío Santi". Lady Bethleem y Sir George lucían esplendorosos en el monasterio de Sant Cugat. Luego vino la anécdota. El yantar se celebraba en una masía lejana al monasterio. Íbamos dos parejas juntas y el conductor era nada menos que el celebérrimo odontólogo Cavalieri, genio y figura. Nos dejamos los planos en Barcelona y, desesperados, pedimos a uno de los asistentes si podíamos seguirle. Le pregunté al "guía" cuál era su coche y me lo enseñó. No había posibilidad de confundirse: un Ferrari rojo. El problema no era distinguirlo sino seguirlo; nos ayudó el tráfico a frenar su ímpetu. Llegamos sanos y salvos.

Siempre he dicho que las novias están guapísmas el día de la boda. La incógnita del traje da "morbo" al asunto. La verdad es que la entrada de Lady Bethleem y su padre, Sir Ignatius -compañero mío desde el cole hasta ahora- fue emocionante para mí. Me volvió a recordar el discurso que mi abuelo dio en sus Bodas de Oro: "...aquí vemos lo que es la vida, unos vamos hacia el ocaso, nuestra luz se apaga pero otras estrellas se están encendiendo y brillarán en el firmamento".

jueves, 28 de febrero de 2008

Cuando los padres experimentados "se ablandan"

Yo soy el segundo de cinco hermanos. Mi padre era un señor recto y austero y mi madre, una mujer dedicada de pleno a sus hijos. De estudiante era un zoquete redomado. Y todavía recuerdo a mi madre repasando las lecciones conmigo para que pasara los cursos en el Colegio San Ignacio —donde iban los pijos (aunque mi familia era bastante normalita)—. Yo vivía en Sant Cugat; actualmente, la población con mayor crecimiento en España. En aquellos tiempos, por no tener no tenía ni calles asfaltadas, y las pocas bombillas del alumbrado de las que disponía las rompían a pedradas o balinazos los gamberros de turno. Los trenes a Barcelona pasaban cada hora. Por la noche no circulaban, excepto el "golfo" que lo hacía a las 3 de la madrugada.

En este ambiente austero, no criamos mis hermanos y yo. Curiosamente, mientras que a los mayores nos tenían "atados y bien atados", a los que iban llegando, los más jóvenes, nuestros padres les daban mayor "libertad". Entre el mayor de mis hermanos y el menor hay una diferencia de edad de unos 12 años. Cuando nos trasladamos a vivir a Barcelona, me pareció mentira que el padre recto y austero se fuera adaptando a las nuevas circunstancias. El "pequeñín" salía por las noches e iba a esquiar con los amigos: no era un disoluto pero podía decirse que su vida era, comparada con la nuestra, la de un marajá.

En dos días he visto a dos familias estupendas cuyos hijos más "pezqueñines", a cierta distancia de sus otros hermanos, viven también como auténticos reyes: chupetes a montones, bebidas fuera de hora, chuches o palitos de pan a porrillo... "Pobrecillo, es tan pequeño que a éste me apetece mimarlo", cuentan sus madres con mirada amorosa. Mientras tanto, el "tiranillo" campa a sus anchas por su casa y fuera de ella. Eso sí, el "pájaro" en cuestión demuestra tener un dominio y destreza absolutos de cómo se "atonta" a los papás. Con voz remilgada y suave los llama: "mamita, papito".

Me sorprende cómo a los papás con "solvencia contrastada" se les va ablandando el corazón a medida que van adquiriendo mayor experiencia. Yo les recuerdo que lean mi post sobre Barack Obama: "Sí, pueden conseguir dejar de mimarlo".

lunes, 15 de octubre de 2007

¿Yo fui “hijo de papá”? Dedicado a Inés.

En el Congreso al que acabo de asistir he vuelto a ver una pediatra que me recordó una conversación que tuvimos respecto a la profesión de nuestros padres y la sensación que teníamos de pequeños y que, cuando aún hoy la comento, sigue causando una reacción extraña de admiración – envidia - ¿resentimiento?

Hace años, tras la depresión de la Guerra Civil, empezó a resurgir la economía y la burguesía. Los ricos no llegaron a perder sus propiedades o supieron cuidar sus riquezas y progresivamente algunas profesiones iban teniendo más relevancia y respeto. Una de ellas era ser notario. Dicha relevancia fue creciendo hasta casi ser sinónimo de un estatus del que carecían otras profesiones: seriedad, consejo, rectitud, honradez y reconocimiento social. Durante años se mantuvo este estatus pero fue cambiando y llegó a ser sinónimo de rico o de ganar mucho dinero. De pequeño fui a un colegio “elitista” en aquellos tiempos; iban los hijos de familias acomodadas entre los que se incluían empresarios, políticos, militares y burgueses. Era un colegio de “pijos” .Ir allí, aparte de la calidad de la enseñanza, representaba un símbolo de orgullo ir a un lugar tan destacado. Sin embargo, ser alumno del Colegio de San Ignacio en Sarriá-Barcelona también marcó a muchos como "hijos de papá": hijos de ricos o de personajes acomodados.

Dependiendo del entorno con quien estuvieras decir que eras hijo de notario daba cierto reparo para no avergonzar a los menos favorecidos o para no recibir las burlas de que “¡Ostras! tu padre gana mucho dinero sólo por firmar”. Sin embargo, mis padres me educaron con austeridad, respeto a los demás, y sin ninguna clase de prebendas. No era un “pijo” aunque estaba rodeado de ellos. Iban a esquiar a la Molina, compraban la ropa en Gales o Gonzalo Comella, los zapatos más “last” eran una especie de Sebagos que se vendían en una tienda llamada Pedrerol y Bofill, hoy desaparecida. A mí ponían remiendos de cuero como rodilleras y coderas, ahora de moda, pero vergonzosos en aquella época.

Yo pensaba que era un bicho raro al pensar así. Con el tiempo este “reparo” desapareció pero en el hospital me ocurrió una anécdota que me retornó a mi juventud. Una residente muy agraciada, elegante y muy bien preparada, era muy reservada. Un día, cuando era R1 (novata total) me confesó que había vivido en diversas zonas de España. Eso ocurre en muy pocas profesiones. Fundamentalmente son militares, registradores, jueces y notarios. Yo le comenté que me había pasado lo mismo. Pasé por Cangas de Morrazo, Montblanc, Rubí, San Cugat y Barcelona ya que mi padre había sido notario. Abrió los ojos como platos y pareció muy aliviada: “Mi padre también lo es pero me da reparo decirlo, tienen fama de ganar mucho dinero sólo por firmar papeles”. Los dos sabíamos perfectamente que para llegar a ser un buen notario había que estudiar duro, hacer unas oposiciones dificilísimas y pasar hambre en los primeros destinos.


Como todo en la vida, muchos notarios han deshonrado su profesión – recuerden el caso Malasia en Marbella- pero otros siguen siendo no sólo notarios sino consejeros, como hacía mi padre, ayudando y aconsejando sobre problemas antes de que se produjeran.


Doctor, que tiene que ver esto con la pediatría. Nada. Sin embargo, todos tenemos en el fondo de nuestro corazón alguna vivencia olvidada que vuelve como si estuviera pasando ahora mismo. Te deseo toda la suerte del mundo, Inés, hija de notario.