Mostrando entradas con la etiqueta Belmondo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Belmondo. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de agosto de 2009

Una pena: no soy ni orto..., ni ano... ni vigo...

La ortorexia es una obsesión o preocupación extrema por la salud, centrada en comer lo más sano posible, que puede convertirse en un serio trastorno. Las personas afectadas experimentan sentimientos muy marcados hacia los alimentos. Para ellas, un producto conservado es "peligroso", "artificial" un alimento producido industrialmente, "saludable" un producto biológico... Además, se ha comprobado que sienten un fuerte deseo de comer cuando están nerviosas, emocionadas, felices o culpables. Es un término acuñado por por Steven Bratman, para calificar como trastorno alimenticio la obsesión de comer comida considerada saludable por la persona, lo que puede llevarle a la muerte. El trastornado evita ciertos alimentos, como los que contienen grasas, preservantes, o productos animales, y puede tener una mala alimentación y caer en la desnutrición -común entre los seguidores de las dietas de comida saludable.

Yo que soy culibajo, paticorto y con barriga cervecera, me gustaría que estas enfermedades se pudieran tener a voluntad o me atacaran un poquito. Me explico, a mí me iría bien un 20% de anorexia y un 30% de ortorexia y si a eso le añado un 20% de vigorexia estaría "mas bueno que el pan". Lo que ocurre, por desgracia, es que tengo una cara al estilo Jean Paul Belmondo, no sé si soy un caballo guapo o un hombre feo. Ya sé que lo importante es la "belleza interior" pero de joven no me comía un rosco.

viernes, 29 de febrero de 2008

"Échame una vacunilla"

Como con los papás, con lo hijos hay de todo en la viña del Señor. A partir de los dos años ya suelen venir contentos a verme porque ha pasado la época de las vacunaciones. Desde los dos meses de edad hasta entonces, les parezco un comado peliculero que les dispara dardos sin piedad. Claro, a esas edades algunos no quieren verme ni en pintura. Es más, la nariz de payaso que me pongo para hacer "magia potagia" les asusta más. Sé que no soy agraciado; como mucho de joven me parecía a Jean Paul Belmondo. Eso me decían y mi esposa se lo creía; como mucho he sido un hombre "interesante", esto es, un hombre no agraciado con algunas cualidades.

Cuando son más mayores, ya no temen al Dr. Santi. Vienen contentos a la consulta, entre otras razones, porque, mal está el decirlo, tengo una consulta "atómica" que está invadida de juguetes. Hace poco visite a un niño saleroso, divertido, locuaz con un verbo que daría sopas con honda a ZP y Rajoy en los mejores momentos de sus aburridas acusaciones del debate (ahora que todos los diarios puntúan, yo hubiera puesto un 0-0). Le tenía que vacunar así que monté toda la parafernalia de la "magia potagia". Ni corto ni perezoso, se arremangó y me dijo: "No te preocupes, ya me puedes echar la vacunilla". Soberbio.

Me olvidaba, la caricatura es obra de Paco Guzmán.