Estas siglas, desarrolladas por un excepcional ginecólogo y obstetra barcelonés, significan Latosa, Sosa y Tonta. Se colocaban al principio de la historia clínica de la paciente. Si un día era atendida por otro especialista del equipo ya sabía de antemano el suplicio que le esperaba. Sin embargo, esta clasificación quedó corta; no reflejaba la magnitud de la tortura. Se añadieron entonces a las siglas LST, potencias que elevaban el grado de sufrimiento al que se iba a someter al galeno. LST era una minucia, LST al cuadrado o al cubo eran ya para respirar hondo, ponerse la montera, coger la capa y dejar entrar al Miura.
¿Cuando usted va al médico, abogado, cerrajero, supermercado....es LST?
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