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viernes, 2 de marzo de 2012

¿Mi hijo está "bien de la cabeza"?


Algunos padres me comentan preocupados que sus hijos no parecer estar bien mentalmente porque hablan solos con personajes inexistentes. Eso es normal.

A partir de los tres o cuatro años, la gran imaginación del niño le permite explorar y familiarizarse con una gran variedad de emociones, desde el amor y la dependencia hasta el enfado, la protesta y el miedo. Es capaz de adoptar distintas identidades y, además, atribuirá cualidades y emociones propias de los seres vivos a objetos inanimados, tales como un árbol, un reloj, un camión, o la luna. Los padres han de estar preparados paca "conocer" a esos amigos imaginarios que pueden durar hasta hasta seis meses. En cambio, otros los cambian varias veces al día, mientras que hay niños que nunca tienen amigos imaginarios o que prefieren tener animales imaginarios. 

No deben preocuparse ni pensar que el hecho de que se invente estos amigos-fantasma es un síntoma de que se siente solo o de que tiene problemas emocionales; de hecho sólo se trata de una forma muy creativa de ensayar distintas actividades, conversaciones, conductas y emociones. También es muy habitual de que a lo largo del día  pase  repetidamente de la fantasía a la realidad y viceversa. A veces, se meten tanto en la situación simulada que los padres no saben dónde acaba exactamente la fantasía y dónde empieza la realidad.  Aunque es importante consolarlo y tranquilizarlo cuando esté asustado o preocupado por algún suceso imaginario, los padres no deben ridiculizarlo ni reírse de él.





domingo, 13 de junio de 2010

alecs botei: el amigo imaginario

Los padres de una preciosa y avispada niña de tres años y medio vinieron preocupados a la consulta porque, estando sola, constantemente hablaba con alecs botei; tenía conversaciones con él, le mandaba e incluso se enfadaban entre ellos. Los padres intuían que eso era normal pero era tanta la vehemencia que llegaron a preguntar en la escuela quién era el tal alecs que tenía "atrapado" a su hija en sus juegos. Para su sorpresa alecs botei no era un compañero de clase, ni de curso y, curiosamente, no había ningún niño con ese nombre en toda la escuela. El tal alecs botei era su amigo imaginario incluyendo el nombre y apellidos.

Los niños y niñas a esa edad están llenos de creatividad y la manifiestan creando un mundo imaginario, que le permite proyectar y vencer sus temores. Esta capacidad de ser en un amigo ficticio lo que él no puede ser, o de encontrar en ese ser un cómplice perfecto, un amigo que no discute y que lo escucha siempre, es señal de que el niño está creciendo y desarrollando sus aptitudes sociales y comunicativas. Todo lo que hace alecs botei, el amigo imaginario sirve para entretener en el juego solitario, da fuerza y valentía cuando se está inseguro, delata los deseos no realizados, defiende ante situaciones conflictivas y constituye esa "mentirijilla" perfecta, que antes que enfadar, enternece a los padres que buscan al "culpable" de ciertas travesuras.

Un/a niño/a en edad pre-escolar, generalmente hijos únicos o los primeros al "llegar a casa", utilizan su creatividad e imaginación como una forma de comprender las situaciones de la vida cotidiana a través de un juego de fantasía que le permite conocer los temores e inseguridades, ejercitar la inteligencia, lograr que entienda y resuelva determinados problemas, por simples que parezcan, aprender los límites -que recibe de sus padres- que impondrá a su amigo:"no hagas eso, porque es peligroso", o "eso no está bien". Los niños con amigos imaginarios suelen ser más sociables, abiertos y comunicativos, con mayor habilidad en el lenguaje y una especial capacidad para entretenerse y, por ende, de no aburrirse.

Los padres deben tener la precaución de seguir el juego, sin fomentarlo, y no hablarle a su amigo imaginario o usarlo "como intermediario". Pueden referirse a él, dejando en claro que es el "amigo imaginario", irreal, y dedicarle "tiempo de calidad" para jugar con su hijo y fomentar la relación con otros niños de carne y hueso, antes de los tres años de edad, como aceptar invitaciones para ir a casa de algún primo o vecino o invitar amigos a la suya. Todo ello contribuye a un buen desarrollo socioafectivo.