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jueves, 12 de junio de 2008

Mario Capecchi ¿sabe quién es?

Me gustaría conocer su biografía detallada muy especialmente en sus primeros 20 años de edad. Tiene unos pocos años mas que yo. Aprendió a leer y escribir a los 13 años y ahora es, dentro de su sencillez y bonhomía, una autoridad mundial. ¿De qué? Sigan leyendo.

Gracias a la búsqueda en internet he encontrado esta asombrosa historia. Parece casi increíble pero es cierta. ¿Cómo son los genes de estos individuos? ¿Porqué tienen esta resiliencia tan destacada? Sigan este relato del Correo Digital . Colosal.

"Mario es de origen italiano y tiene 71 años. Nació en Verona el 6 de octubre de 1937, casi la misma fecha en que ganó el galardón. Es una casualidad que se repite en su vida. El padre de Capecchi, Luciano, murió en África en la Segunda Guerra Mundial, disparando contra aviones estadounidenses. «O eso creo, oficialmente fue declarado desaparecido», precisaba ayer en la prensa italiana contando sus recuerdos. Su madre, en cambio, era una poetisa de vida bohemia, profesora en la Sorbona e hija de una pintora norteamericana de la Belle Epoque instalada en Florencia y casada con un arqueólogo alemán. Lucy Reinburg era pintoresca y conocida por sus ideas antifascistas. Ya en 1941 la Gestapo llamó a la puerta de su casa. Fue deportada al campo de concentración de Dachau como prisionera política. El pequeño Mario, con cuatro años, se quedó solo y fue a parar a una familia de campesinos tiroleses en Bolzano, en los Alpes italianos de la zona más germánica. Sus padres ya habían acordado con esta familia, pagándoles dinero, que se ocuparan del niño si les pasaba algo.

Mario creció en el campo y aún evoca el olor de las uvas en la vendimia, pero al cabo de un año le dijeron que se había acabado el dinero de sus padres y lo pusieron en la calle. Tenía cinco años. «Estuve vagando por los caminos entre Bolzano y Verona, comiendo lo que podía, con otros grupos de niños. Robábamos para comer, nos daban caza, nos escondíamos en barriles, en establos, siempre huyendo», recuerda. «Sólo pensaba en comer, evitar el peligro y sobrevivir». Así pasó tres años. Un día se puso muy enfermo y, no sabe cómo, se despertó en un hospital de Reggio Emilia. Era 1945. Alguien que lo encontró tirado en la calle lo llevó a una casa de monjas. Tenía tifus y habría muerto sin un médico. Él y otros niños dormían desnudos en colchones, sin sábanas, y su única comida era café y trozos de pan.

El 6 de octubre de 1946, otra vez su cumpleaños, apareció su madre por sorpresa. Liberada por los aliados, llevaba meses buscándole. Enseguida emigraron a EE UU, donde el tío Henry, hermano de ella, era físico en Princeton. Por allí llegó a ver una vez al que había sido otro niño pobre, Albert Einstein. «Lo increíble es que al día siguiente de salir de Ellis Island (el puerto de llegada de los inmigrantes en Nueva York), ya estaba sentado en una clase», se asombraba todavía ayer Capecchi. Vivió en una comunidad cuáquera de Filadelfia y a partir de aquí su historia es la de un chico normal: aprender a leer y escribir, el bachillerato en Nueva York, universidad en Ohio y, luego, Harvard, donde encontró a Jim Watson, padre de la genética moderna. «No sé si la experiencia de mi infancia ha contribuido a mi éxito, o si lo he conseguido a pesar de esa experiencia», razona sin salir de dudas. Su madre murió en 1989 sin superar el trauma de Dachau. Su hijo investiga células madre para combatir enfermedades incurables, sigue luchando por la supervivencia. En Italia, su país de origen, no podría hacerlo. Está prohibido."

Lean lo que resumió el periodista Lluia Amiguet en La Contra de La Vanguardia.

Nobel y mendigo
"Familia desestructurada sin padre y con una madre bohemia que acaba en la cárcel; su hijo con cuatro años mendiga y roba en las calles": podría ser la infancia de Al Capone y, en cambio, es la de uno de los seres más inteligentes y bondadosos que he conocido. Nobel de Medicina, sí, pero créanme que en él no es lo más importante. Su franca sonrisa, su talento, su optimismo y su incapacidad de hablar mal, incluso de los granjeros que yo - más cínico- diría que le abandonaron por dinero, hacen de Capecchi uno de los personajes que han pasado por La Contra que, de paso, han cambiado mi vida. Tras conocerle, me lo pensaré dos veces antes de quejarme de mi mala suerte o de hablar mal de alguien.