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domingo, 15 de mayo de 2011

Nunca preguntes por el móvil: " Amor, ¿todo bien?"

Podría ser casi el título de una película pero no. Es una anécdota que les cuento y una lección aprendida para el futuro: no interesarse por la esposa cuando esta disfrutando de un viaje con unas amigas. Nunca más llamaré a la mía para saber si todo va bien. Si va mal ya me llamará ella.

Hace poco mi esposa hizo un viaje fugaz, con unas amigas, a ver a otra residente en Lérida. Tomaron el AVE y como pueden comprender no pararon de paliquear y reír. Como una quedó descolgada, una amable señora les ofreció su asiento para que estuvieran juntas. Durante el trayecto, el amante marido de una de ellas..., un servidor, la llamó por teléfono para saber si estaba bien. Estaban tan enfrascadas en sus cosas que, lógicamente, no me hizo ni caso - las cuatro palabrejas de rigor- así que colgué.

Poco después, en mi móvil personal, cuyo número no lo sabe ni dios recibía una llamada con la voz de otra mujer preguntándome quién era porque se había encontrado un teléfono en el asiento del AVE. Enseguida intuí que mi esposa se lo había olvidado. Efectivamente, así era y ya había bajado del tren. Maite, que así se llama la amable señora, vio mi número en la pantalla (luego les explico el truco) y me llamó; a duras penas, por el ruido del tren y porque casi no tenía batería. Decidimos que me lo enviara por correo rápido a cobro revertido cuando llegara a su casa en ¡Córdoba!.Se lo podía haber dado al revisor pero nos dió miedo que ocurriera como cuando pierdes las maletas de avión; la recuperación puede tardar días. Así que llegada a la capital, Maite, se preocupó de contactar con Seur y antes de 24 horas ya lo teníamos en casa. ¡Qué alivio!, ese móvil es al que llaman todos mis pacientes estemos donde estemos los 365 días del año.

The question is: ¿cómo supo Maite mi teléfono? Muy sencillo; el Nokia de mi esposa, yo llevo un Samsung Galaxy S, permite un truco fantástico: escribir una pequeña frase de lectura permanente en la pantalla en la que puse: si me encuentras llama al XXX XXX X51 (mi número privado). Con esta sencilla frase y con la amabililidad de Maite nos hemos quitado días y días de quebraderos de cabeza.

Lección: nunca llames a tu esposa si se va de juerga con las amigas. Mejor todavía, no la llames nunca... (je, je).

domingo, 13 de septiembre de 2009

Los cerdos no están sólo en las granjas

Vuelta del viaje de la reunión en Madrid. A mi izquierda, al otro lado del pasillo, una pareja joven y, al parecer, muy enamorada por los continuos arrumacos que exhibían se pusieron a mirar y comentar un libro de arquitectura en inglés. Hablaban castellano y su vestimenta era muy normal aunque el macho llevaba unas sandalias sin calcetines con unos pies aparentemente limpios. A medio trayecto sacaron comida preparada que hizo un ruido ensordecedor cuando abrieron los envoltorios de plástico y acto seguido se oín los chasquidos de comer las patatas fritas que dejaron el suelo hecho una pena. Hasta ahí, normal (?). El varón se repantigó en su asiento con los pies descalzos sobre él. Me molestan estas actitudes antihigiénicas y groseras pero no osé recriminarle. Menudo está el patio como para luego salir escaldado por una simple observación. ¿Soy un cobarde? Pues sí pero tampoco estoy para reconvenir todas las faltas de respeto que muestran muchas persona frente a los demás.

Por ese motivo, en vez de entrar en discusiones, me dediqué a fotografiarlo con mi móvil. Él me vio hacerlo pero en ningún momento cambió su postura ni se inmutó. En el viaje de ida a Madrid , a lo lejos, otro "gentleman"estaba echado en su asiento con los pies encima del respaldo del asiento anterior que iba vacío; en resumen, se veían un par de pies que sobresalían por la cabecera de un asiento.

Hablamos de la mala educación e incivismo de los niños y jóvenes pero hay muchos "cerdos" adultos que corretean fuera de las granjas.